
sábado, 18 de octubre de 2008
martes, 14 de octubre de 2008
Estar, ahí

Sé que estás ahí,
sentada en el fresco del jardín
de tu nueva casa.
Cómo quisiera ser el viento
para llegar a vos,
y agitar con mi brisa
el mar sereno de tus ojos
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sábado, 11 de octubre de 2008
jueves, 2 de octubre de 2008
Llora bandoneón

Llora el bandoneón sus notas,
en cada compás un amor,
una tragedia.
La noche se hace fría,
y en el piano,
al menos un acorde dulce,
que mitigue el veneno
de una traición.
En el trino de los sublimes violines,
quiero olvidar su nombre,
la imagen amarga
de sus falaces besos,
gemidos fingidos
de cuando hacíamos el amor
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viernes, 26 de septiembre de 2008
Pasión Callejera : Piedecuesta vista desde los redaños de Deivin Salazar

Se llama Deivin Salazar Rueda, un joven avezado con el espíritu del desaparecido escritor caleño Andrés Caicedo, rompiendo estructuras en sus palabras que se vuelan la cerca de los académicos de la lengua, y en sus sueños de ángeles de alas rotas que recuerdan a un Nadaísmo peleando contra un muro hecho de hormigón, o de un pájaro carpintero intentanto romper a picotazo limpio las paralelas de una vía férrea.
Quería escribir un libro lejos de las pretensiones de la veleidosa fama, lejano de las poses de quienes toman la escritura literaria como un privilegio de inmortales, distante de ese tufillo de quienes escriben para que les levanten estatuas que terminan cagando las palomas, y luego nadie recuerda por la pátina de tanta mierda junta, quiénes eran, o de aquellos que pergeñan libros para que mueran en los estantes de las librerías sin lector que se conmueva con la virginidad de sus páginas. Y contra todas las tempestades, parió ese libro que le venía escociendo el alma, y rompiéndole las costuras de los pantalones: Pasión Callejera.
Si de verdad se quiere un concepto de Pasión Callejera, es el clásico antilibro, una bofetada al libro clásico en su estructura. En él el género trasvasa fronteras, no importa si es cuento, si es novela, prosa poética, o un poema que se lee de una sola tirada. La verdad es que está escrito desde adentro de las viscertas, con furor, con ganas, con dolor, con desaliento, porque es la visión de Deivin desde sus emociones y sus sentimientos de Piedecuesta y sus grietas, de Piedecuesta y sus esquinas. El libro es un collage de instantes donde está la mirada grávida o ingrávida de quien toma el pretexto de una ciudad y sus rincones para echar fuera la pelota de trapo que lo ahoga adentro y lo atormenta, y hoy sigo vomitando los números, patendo puertas del vigilante de la calle y maltrechando el impune inglés, para disparar su percepción de la mañana, con fraseo poético y narrativo, con vagabundos al instante, el circo ya está lleno y las calles ultrajadas, la mañana es víspera de otro día, el sol nos muestra lo verde que pueden ser las verduras y ese claro aullido de voces que encadenan la ciudad; por el centro las murallas caen de gritos, y las ventas por reventar, cada mañana será un aullido de voces en clemencia de un bienestar que se dará por el fruto de la vida.
Pasión Callejera, es eso: la ciudad en los ojos, y las entrañas de Deivin Salazar, agarrando, entre otros retazos del collage, la imagen del pueblo y la política mendaz, la gente remitía hacia ellos, los protagonistas esperaban el momento y la hora adecuada y dar a sus voces algo más que un discurso pleno, la nostalgia no era sincera ya que el escenario no pasaba de ser un espectáculo monótono...la leyanda continuaba, los soberanos eran dueños de las almas durmientes que nunca irpan a la contra, y la protesta y sus pancartas caerán con las voces deslumbradas que tímidamente no dejan de aullar en las noches de insimnio trascendental; mi ciudad al pie de la cuesta ha caído otra vez en las garras de la impune desgracia.
En definitiva, Pasión Callejera, es un libro con los olores de la ciudad, lejos de las pompas de la heráldica y los blasones, y el hablar engolado de su hidalguía que en otros textos muestran a una Piedecuesta con los calzones prestados. En el libro de Deivin, se respira la ciudad, en un discurso que no pretende la objetividad, porque el lirismo del autor, lo lleva a pergeñar frases desde los redaños, y ellos son sentimientos enjaulados
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viernes, 19 de septiembre de 2008
CONVERSANDO CON ALIETTE: BOCETOS Y DIBUJOS EN MOVIMIENTO

http://aliet.over-blog.com/
La conocí por azar,
el mismo que juega un rol decisivo en los cuentos de Borges. Venía del otro lado del Atlántico, de la tierra donde un presidente, ante quien debían caer rendidas las mujeres, era el que se postraba a los pies de una modelo y cantante, Carla Bruni, echando de bruces su matrimonio, y haciéndola primera dama del gobierno francés. De allí, donde Charles Aznavour, el de Venecia sin tí, enjaulaba los corazones con su voz entre nostálgica y tristona, y Edith Piaf , se ganaba el alma de los latinoamericanos, cuando cantaba, Que nadie sepa mi sufrir, con sus erres arrastradas. Cayó por el colegio donde trabajo, el Balbino García con su cicerone, una exalumna, Diana Jiménez. Había llegado al país, invitada por Freddy Gómez López, quien en una de sus travesías por el mundo con el grupo de danzas de la Universidad Industrial de Santander, la conoció cuando el periplo cultural recaló en las tierras de Sartre y Camus, los existencialistas, en los cuales abrevó, el poeta Gonzalo Arango, para fundar el Nadaísmo en Colombia. Menuda, y bajita, enfundada en sus gafas que la hacían ver como una niñita aún cursando el bachillerato, quien iba a pensar, que ya andaba por terminar una carrera en el campo de la arquitectura para las artes escénicas. Terminé por regalarle mi novela, La saga del último de los duros, con la promesa de que la leería, en el metro parisino. Colombia le encantó, y la sedujo Cartagena, con la magia de la ciudad vieja, ese corralito de piedra, que recuerda el fasto colonial. Por eso su tesis de grado, la motivó hacia Colombia, con una especie de aparador, con lo mejor del país. Por ahí, asomó la cara, Gabriel García Márquez, y el café nacional. Más tarde vendría a saber, porque me dejó su correo, que Aliette Gousseau (así se llama ) bocetiaba, con gran espíritu artístico, y me dejó ver sus dibujos. Así fui conociendo, entre correo y correo, la personalidad artística de esta francesita, que se asienta en un piso coqueto con ventana al legendario Sena, y a la histórica Torre de Eifell, y ha sido, como ella mismo lo expresa en un español audible "voluntaria para el festival de música y danza folclórica del mundo de Montoire. ESte año, el festival ha invitado grupos de México, y estaba de guía y traductora de dos grupos de México". Esa cercanía le dio la oportunidad de atrapar en sus lápices, desde el retrato, los rasgos de indios Mayos ( José Enrique),de la tierra de Juan Rulfo, en primeros planos y medios.
El Festival de Montoire a donde cada año, Aliette asiste como voluntaria, para oficiar como traductora e intérprete, le ha dado la oportunidad de conocer através de la
danza y el folclor, otras costumbres y maneras de ser de los pueblos; por eso tras el cristal, sus ojos se mueven rápidos para captar a los danzarines en sus giros, y desplazamientos como si fueran una cámara digital. Ella, he ahí una de las virtudes de sus bocetos, atrapa el movimiento, que es donde reside la naturaleza del dibujo o la pintura. Nada en ella es rígido. Por esos sus dibujos tienen vida: se vitalizan con el movimiento. De ahí rl vigor de Los músicos del Ecuador, de Gerardo el Mariachi, de la niña búlgara, de Jonquille, la flor de la primavera francesa. Por eso sus dibujos y bocetos tienen encanto, porque saben atrapar el movimento, ella los sabe, cuando le escucho decirme en el esfuerzo de su español que trata de atrapar la idea en sus fonemas arrastrados que "me gusta dibujar en el metro (allí retoca, retoma ideas, vuelve a bocetiar), me gusta dibujar los músicos y los bailarines, me gusta dibujar la gente cuando no lo saben, se mueven, son naturales..", de ahí que encantan, porque están hechos del alma humana, y no del artificio.
danza y el folclor, otras costumbres y maneras de ser de los pueblos; por eso tras el cristal, sus ojos se mueven rápidos para captar a los danzarines en sus giros, y desplazamientos como si fueran una cámara digital. Ella, he ahí una de las virtudes de sus bocetos, atrapa el movimiento, que es donde reside la naturaleza del dibujo o la pintura. Nada en ella es rígido. Por esos sus dibujos tienen vida: se vitalizan con el movimiento. De ahí rl vigor de Los músicos del Ecuador, de Gerardo el Mariachi, de la niña búlgara, de Jonquille, la flor de la primavera francesa. Por eso sus dibujos y bocetos tienen encanto, porque saben atrapar el movimento, ella los sabe, cuando le escucho decirme en el esfuerzo de su español que trata de atrapar la idea en sus fonemas arrastrados que "me gusta dibujar en el metro (allí retoca, retoma ideas, vuelve a bocetiar), me gusta dibujar los músicos y los bailarines, me gusta dibujar la gente cuando no lo saben, se mueven, son naturales..", de ahí que encantan, porque están hechos del alma humana, y no del artificio.
Aliette, tiene una pasión por la música. No importa, ésta, de donde viniere, por eso, me dice su voz que es un murmullo diluviando erres, "también me gusta dibujar los músicos cuando tocan y hacen un concierto en un escenario, pero ni pueden escaparme. Y también debo decir que la música guía mi muñeca. Es excelente dibujar en ritmo.". Eso es el arte: movimiento, y la música lo entraña en el ritmo. Por ello, Aliette, está hecha para no sólo llenar de estética los escenarios teatrales, sino también para captar el mundo y el ser humano, através de sus lápices, como una gran promesa plástica del dibujo.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Entre fugas y andantes

Te has ido,
en los pliegues de la noche.
Ya es de madrugada,
y el viento aletea entre las ramas
de los árboles.
Con él,
me llega
tu voz de acentos desmayados,
tu pelo perfume de jazmines,
y el aliento de hembra
que encabrita las hojas,
y sacude la brisa.
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