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lunes, 8 de enero de 2018

DELIRIO



Pintura de Darío Morales, Ana María entrando en la bañera





La noche cuajada de estrellas,
entra por la ventana.
Un concierto de cigarras,
en la ceiba vecina 
despierta la noche;
y su vestido blanco,
rueda abajo de su espalda 
carnal,
perfecta,
alentando el deseo.



martes, 26 de diciembre de 2017

LOS HOMBRES DEL REFUERZO

LOS HOMBRES DEL REFUERZO

Tenía los ojos de un azul vivo. Las guedejas de pelo que le caían en la frente, y en la sienes, con una rebeldía proverbial a la peluquería. A pesar de su edad avejentada, con él no obraban los cálculos.

Lo que si se le notaba era una tristeza profunda, que el escándalo de su risa no alcanzaba a ocultar. Lo había visto siempre por esas cantinas de la carrera sexta, abajo del barrio Hoyogrande, que con los amigos solíamos frecuentar porque la cerveza era barata. Se le veía siempre en una mesa del rincón, rodeado de curiosos, que le daban una cerveza, para que contara sus historias sobre la Violencia del cuarenta y el cincuenta, recrudecida con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Alguna vez, me le arrimé con una cerveza para que cogiera confianza, y le pregunté  de dónde era. Se quedó mirándome con desconfianza, mientras se decidía entre sobarle el casco a la botella o bebérsela. Entonces le pedí que brindáramos y choqué mi botella de cerveza con la suya.
-Usted no es de por aquí- le dije
-Soy de Vistahermosa, llanero raizal, del Meta- Chupó de la botella con una sed de náufrago
- Qué lo trajo por aquí?- Se quedó mirándome pero esta vez sin desconfianza
- Puedo tomarme otra cerveza? Le dije al cantinero que nos trajera otras dos cervezas.
- Le voy a contar por qué llegué aquí. Apenas me echaba los pantalones largos,cuando me uní a la guerrilla de Juan de la Cruz Varela. Ha oído hablar de él? Con un movimiento de cabeza asentí. El hombre prosiguió: yo le ayudé a montar la guerrilla del Sumapaz. De ahí me agarró confianza, y me dijo, lo voy a mandar pa´ Santander. Allá hay gente arrecha pa´ sumarla a la lucha. Su tarea es reclutarla a como dé lugar, y traerla al Sumapaz. Aquí, en Piedecuesta, focalicé el Centro de operaciones, y me llevaba los enganchados pal Mortiño, donde recibían instrucción militar. Pero, yo que estaba preparado pa´ lo castrense, no lo estaba pal amor. Y se apareció la hermana de un reclutado, preguntando por él. No sé cómo nos gustamos. La mujer había estado por Curazao y Venezuela. Era bonita la condenada. Los ojitos en la noche le brillaban como cocuyos. Los labios carnosos, y el cuerpo talladito como el tronco de una mata de plátano. Me gustaba esa mujer, que nos encamábamos y no quería salir de entre el calor de sus piernas.Era un fogón. 

Alguien, que no quiero decir su nombre, me dijo por ahí,  esa mujer tiene cangarejera, y va a ser su perdición. Si lo dice es por qué ha estado con ella, y no le di tiempo a que me respondiera porque le metí una bala en la cabeza. Lo que más me dolía, era que por la mujer había descuidado  la inteligencia y la instrucción de los enganchados, y la misión se vino abajo. No sé pero, alguien dentro del mismo movimiento, tuvo que haber sapiado, porque los fueron cogiendo uno a uno, y asesinados de un tiro en la nuca, a la orilla de la quebrada de Las cruces. Entonces, pensé, que no me quedaba otro camino que matarla a ella, y que mi comandante Varela, se quedara el resto de su vida, esperando el refuerzo de los hombres frescos, que yo había quedado llevarle de Santander


Foto intervenida

sábado, 9 de diciembre de 2017

Claroscuro


La imagen puede contener: cielo y exterior
Foto propia: Barrio La Sinfonía, Piedecuesta



Miro las cabriolas del tiempo,
andando y desandando
y se instala en el pasado,
en algún mueble que aún no
condenamos al cuarto de rebrujo;
en la ventana donde se apostaba ella,
para el furtivo beso;
en la casa vieja de cuartos espaciosos,
donde alguna vez,
nos desnudamos urgidos de deseo,
y supimos por primera vez del amor venéreo.








domingo, 19 de noviembre de 2017

Tiempo de domingo




*Foto propia, Pamplona, Norte de Santander (colombia)



TIEMPO DE DOMINGO 

La felicidad es un domingo,  
la he escuchado tantas veces, 
que se volvió frase huérfana, 
sin dueño ni gobierno. 
No juzgo a los que esperan los domingos 
con la ansiedad del niño 
que sueña los vientos de agosto para elevar cometas; 
son sus sueños y hay que respetarlos. 
Mientras otros madrugan al sol del domingo, 
duermo hasta tarde, 
en una duermevela que fatiga y tortura. 
Cuántas veces ¡ he recorrido esos días de domingo, 
vacíos y tristes, hechos racimos de gente en los supermercados como esperando un Godot que nunca llega 
Hay en sus ojos una mirada imprecisa, 
ojos de pez en el acuario 
mustios como los míos 
cuando en la ventana del domingo 
me asomo a mirar 
un sol que calcina todo sentimiento

jueves, 2 de noviembre de 2017

Amor de papel



No lo recuerda muy bien si fue en el antiguo pasaje Cadena o en el Aurelio Martínez Mutis, que conoció a la diva del cine norteamericano, Marilyn Monroe. Bueno, eso de conocer era un decir, pues qué iba a andar por los andurriales de Bucaramanga, y menos por un pasaje atestado de rateros, gente popular comprando en los talantines callejeros ropa barata, y hippies hediendo a marihuana, que sobrevivían con la venta de sus curiosas artesanías. 



Pero, ahí estaba la sensual Marilyn, en aquel póster inmarcesible, donde trataba con la coquetería más inocente de evitar que el viento le levantara las faldas del vestido. Tirada sobre el tapete verde, donde uno de los hippies con las muelas rotas, ofrecía toda suerte de afiches y carteles, con personajes del cine y la política mundial, la vio como un ensalmo. Se detuvo de inmediato. Sin regateos, se llevó el póster de la Marilyn cautivante, y lo instaló encima de la cabecera  de la cama. 



Él, al que nunca le había gustado el cine,"me parece jarto", empezó a interesarse por la filmografía de la Monroe. Se volvió un especialista de las películas de la rubia estrella de Hollywood. Diez veces se vio Niágara; catorce veces, Los caballeros las prefieren rubias, y se le perdió la cuenta de cuántas veces se sentó en la butaca del teatro Sotomayor, a ver, La tentación vive arriba. 


Tanta sería su pasión por la Monroe, que vendió parte de la herencia que le dejó el papá, una finca cacaotera, por los lados de Rionegro, para instalarse en la costa californiana, en Santa Mónica más exactamente,a donde iba con frecuencia la Monroe, a bañarse en sus playas, para infarto de los jóvenes y provectos turistas que por allí buscaban solaz. 

Desolada la mamá con el hijo que vendía la tierra para irse a Los Ángeles, recuerda, que le dijo, "no te has fumado un cigarrillo en la vida,  y un pendejo cartel, te ha hecho el hombre más dependiente del amor por una mujer de papel. Rompe, ese póster, hijo. Por amor de Dios¡!" Qué le iba a hacer caso. Cogió una maleta, echó los útiles de aseo, la ropa necesaria, el póster de Marilyn, y se largó a Santa Mónica, sin siquiera darle un beso de despedida a su mamá. 

En la playa nunca pudo verla. Sólo de lejos, por Beberly Hills, la vio pavonearse en su Cadillac, con su nuevo marido, el dramaturgo, Arthur Miller. Acababa de separarse de la estrella del beisbol, Joe Di Magio. Tanto que había leído sobre ella, y le amargó enterarse hasta ahora, que era casada. Sin embargo mantuvo el amor de papel, como lo llamaba su llamaba su mamá, por la diva de pelo dorado. 

Pero algún evento en la vida de Marilyn, habría de decepcionarlo terriblemente, y fue aquel que la televisión hizo público de  Marilyn cantándole el happy birthay, en La casa Blanca, al presidente Kennedy, en sus cuarenta y dos años. Le molestó tanto que se sintió como un marido traicionado por su mujer, hasta tal punto que cogió el póster de la diva y le rayó la cara  con un lapicero de color rojo. Al respaldo, escribiría en grande, "bandida".Y lo dejó abandonado en el apartamento de Santa Mónica, pues era tanto el malestar, que se vino para Colombia, y se entregó al trago y las putas de la Sesenta y una en Bucaramanga, para matar la pena, en una pernicia que en sus setenta años de vida, y diez de viudez, su mamá no había visto en hombre alguno.

Cuando los investigadores del FBI, siguiendo las pistas  del asesino del presidente Kennedy (habían encontrado el afiche en el apartamento de Santa Mónica) llegaron hasta su apartamento en Conucos, sólo atinó a decirles, en medio de la resaca de extremo delirio donde veía hasta elefantes: "a la Marilyn, es la que debían haber matado, por ser la zorra más zorra de las zorras", y se desplomó en un mar de lágrimas.




Foto intervenida, Marilyn Monroe




sábado, 14 de octubre de 2017

Estas calles...

Estas calles que esperaban la noche, 
casi en sombras, 

con la sola la luz mortecina 
de las bombillas en sus puertas. 
Ya no viven adentro de sus casas, 
la risa desabrochada de las putas;
el chancleteo de las 
máquinas de coser de los sastres

que vestían al pueblo,
ni la vocinglería de los violines, 

tiples y bandolas de las estudiantinas 
que le dieron nombre sinfónico al barrio. 
Hasta los viejos,
perdieron la memoria 
de los buenos tiempos de estas calles


Foto propia: Piedecuesta









miércoles, 27 de septiembre de 2017

Las palabras





Foto propia


Hacía tiempo  nos habíamos quedados solos, en un apartamento del tercer piso. Los hijos, cada uno había cogido su rumbo y su camino, y apenas masticábamos las palabras para un buenos días frío, antes del café, y de irnos al  trabajo. 

En la noche, sentados a la mesa como dos extraños, nos quedábamos a la espera del muchacho de las comidas rápidas. Regularmente, nos traía un sándwich de queso y jamón, o unas costillitas de cerdo, luego mirábamos la televisión, o yo le echaba una mirada al facebook, mientras ella se desahogaba, dejando salir su angustia siempreviva en esa expresión tan suya, nos quedamos íngrimos, y  la oía sollozar.  Luego nos íbamos a dormir como dos desconocidos.


En la mañana, antes de meterme a la ducha, era cuándo más sentía ese miedo grande,  miedo de la frialdad que nos había matado las palabras, y nos había apartado como dos extraños, en este apartamento de cuartos solos, donde dolía el recuerdo de los hijos.


Una noche, Hortencia (así se llamaba mi mujer), ya me estaba esperando; había preparado la comida,  una delicia de chuletas de cerdo. No voy a negarlo, que me sorprendió. Y  más , cuando entre bocado y bocado se puso nostálgica del pueblo y la noche, te acuerdas, cuando me visitabas de novios, y nos sentábamos en el pretil de la casa a hablar de las cosas de la vida, y de la muerte, como si cada palabra que dijéramos de ella, nos blindara del horror de su presencia, y nos hiciera eternos. Y me besabas y me abrazabas con tanta intensidad que me estrujabas hasta el alma, y yo me quedaba mirando la noche, sus estrellas y su luna, con tanto encanto, que pensaba que habían  sido hechas, solamente para mi felicidad. Había quedado como en un trance, y un nudo que se me hacía en la garganta, pero atiné a decirle, vamos a recuperar esas noches, amor, y sentí sus besos hechos  lágrimas.