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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Las palabras





Foto propia


Hacía tiempo  nos habíamos quedados solos, en un apartamento del tercer piso. Los hijos, cada uno había cogido su rumbo y su camino, y apenas masticábamos las palabras para un buenos días frío, antes del café, y de irnos al  trabajo. 

En la noche, sentados a la mesa como dos extraños, nos quedábamos a la espera del muchacho de las comidas rápidas. Regularmente, nos traía un sándwich de queso y jamón, o unas costillitas de cerdo, luego mirábamos la televisión, o yo le echaba una mirada al facebook, mientras ella se desahogaba, dejando salir su angustia siempreviva en esa expresión tan suya, nos quedamos íngrimos, y  la oía sollozar.  Luego nos íbamos a dormir como dos desconocidos.


En la mañana, antes de meterme a la ducha, era cuándo más sentía ese miedo grande,  miedo de la frialdad que nos había matado las palabras, y nos había apartado como dos extraños, en este apartamento de cuartos solos, donde dolía el recuerdo de los hijos.


Una noche, Hortencia (así se llamaba mi mujer), ya me estaba esperando; había preparado la comida,  una delicia de chuletas de cerdo. No voy a negarlo, que me sorprendió. Y  más , cuando entre bocado y bocado se puso nostálgica del pueblo y la noche, te acuerdas, cuando me visitabas de novios, y nos sentábamos en el pretil de la casa a hablar de las cosas de la vida, y de la muerte, como si cada palabra que dijéramos de ella, nos blindara del horror de su presencia, y nos hiciera eternos. Y me besabas y me abrazabas con tanta intensidad que me estrujabas hasta el alma, y yo me quedaba mirando la noche, sus estrellas y su luna, con tanto encanto, que pensaba que habían  sido hechas, solamente para mi felicidad. Había quedado como en un trance, y un nudo que se me hacía en la garganta, pero atiné a decirle, vamos a recuperar esas noches, amor, y sentí sus besos hechos  lágrimas. 



viernes, 15 de septiembre de 2017

La ciudad abrasada

Me asomo a la ciudad, 
en el sol fuerte del mediodía, 
y se derrite en un vaho que ahoga el pecho, 
y niega la sonrisa. 
Cómo tener algo de gracia 
en esta hora donde hierve 
hasta el alma. 
Yo casi,
ni me reconozco, 
tampoco a los otros, 
menos a mi ellos 
Somos sombras sin cuerpo, 
caminando sonámbulos 
por las calles y avenidas de una ciudad, 
a la cual el sol ha puesto en llamas, 
en esa hora 
en que nos sentamos a almorzar, 
y a conversar la vida



Foto propia: Cañaveral, Floridablanca, Santander (Colombia)


viernes, 1 de septiembre de 2017

INNOMBRABLE

Vendrán a rescatar tu nombre
las palomas,
de entre las fosas perdidas
para que la herida se cierre,
se suture la herida. 
El viento se detendrá en el olor
de los naranjos,
con alguna canción
suya de rebeldías,
desenterrada de allí,
de la tierra sin nombre,
donde antes de la muerte
fue la orgía de la carne
desgarrada,
de los huesos rotos

Foto de Artelista