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viernes, 26 de junio de 2020

Una extraña mujer anda por el patio






Foto intervenida

No la sentí llegar, por la modorra que me había causado la tercera botella de aguardiente. Cuando el aguardiente se me hace dulzón, sé que estoy a punto de emborracharme, entonces me levanté de la mesa, a pesar de los ruegos de los amigos para que me quedara otro rato, pagué la ronda, y me aventuré calle abajo, a pesar del peligro que entrañaba transitar la Calle de las alcahuetas, a esa hora de la noche, de alta densidad de malandrines entrenados en  el raponeo de carteras, el cuchillo en la espalda, y no haga movimientos raros, hermano, porque le corto hasta el alma, en medio de los ventorrillos a lado y lado de la vía, y la hedentina de orines revenidos.

Una puta, a la que llamaban la cremallera, tenía en la mejilla izquierda una cicatriz larga y cosida tan burdamente, que le quedaron las huellas de la sutura como un cierre, me acompañó hasta uno de los caserones de la ciudad histórica, donde vivía.  ¡Doctor No es hora de andar por estos lugares tan peligrosos, en semejante borrachera ¡.

Era fuerte, y bonita a pesar de la cicatriz. Le había hecho un favor que me agradecía hondamente. Tenía un niño, al cual le bajé la fiebre una noche que llegó al hospital sin un peso, y el niño delirando: la gastroenteritis lo estaba matando. Se la combatí, por nada, por humanidad. Ni siquiera acepté su gratitud de una noche de cama. Me ayudó a entrar al cuarto, que tenía puerta a la calle, y se fue luego con la noche, que empezaba a ventear un frío glacial.

En la cama todo empezó a darme vueltas, hasta caer en un abismo de remolinos, y flotar, luego, en una nata de silencio. Sé que es una mujer, la que está aquí. Tiene los ojos almendrados, y me llama, para que la siga por los zaguanes del patio de geranios, nomeolvides, y begonias. La sigo como si levitara, pero lo más extraño, que no escuche el griterío de los grillos en el patio, y al mirarme en el alto espejo que cuelga encima del lavamanos, no me devuelva la imagen de mi cara




40 comentarios:

Alfred dijo...

Una noche de borrachera mal llevada.
Saludos.

CÉU dijo...

Una historia muy interessante. Me gustam tus descrições. Una borracheira con sus consequências. La prostituta foy una personagem de luxo en tu texto.

Besos y bon final de semana.

Tracy dijo...

Desvaríos del alcohol.

Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche dijo...

No estoy seguro, Carlos, por aquello de los "guaros" que me acabo de beber... pero me parece que esa historia también es mía. De todas maneras, muy bien contada.

Un abrazo.

P.D. Tal vez algún día la vida nos permita encontrarnos frente a frente, para darnos un abrazo y brindar con un "guarapo".

mariarosa dijo...


¿Quién era la mujer? Temo pensar que era la muerte quien te llevaba de paseo.
Muy buena historia.

mariarosa

Alís dijo...


Una mala noche, sin duda, a pesar de la buena intención de La Cremallera (porque ella nada tiene que ver con el desenlace ¿verdad?).

Buen relato

Un abrazo

Albada Dos dijo...

Ese doctor, qué mala estrella le guió esa noche de casi borrachera. Un relato duro, de realidad vestido, que me ha encantado. La Parca, con su sigilosa entrada, acabará por alcanzarnos, pero esa noche, se llevó a tu protagonista.

Un abrazo y feliz sábado, sin prostitutas con cicatrices tan mal cosidas ni niños enfermos.

Siby dijo...



El alcohol y sus delirios
y después el olvido de lo
dicho, en esa mala noche,
el relato bueno.

Besitos dulces
Siby

Sandra Figueroa dijo...

Estremecedor relato. Esa mujer extraña siempre ronda por el mundo. Saludos amigo.

Frodo dijo...

Vaya! inquietante final que hace juego con la imagen intervenida.
Tu prosa tiene ese juego pendulante de las palabras poéticas, tiene movimiento.

Abrazo GRande desde el Río de la Plata, donde en los próximos 20 días se viene un aislamiento estricto, la cosa se está empezando a desmadrar.
Que andes bien querido amigo.

A. dijo...

Hay borracheras que nos hacen ver la muerte más de cerca.
Me encantó esta entrada.
Besitos y buen finde tengas Carlos

Macondo dijo...

Dicen que los pedos del dulce son los peores. Afortunadamente no he cogido ninguno.
Un abrazo.

CHARO dijo...

La bebida puede producir pesadillas horribles cómo la del relato...por cierto esa imagen me ha dado escalofríos.Saludos

José A. García dijo...

Ya no se puede confiar ni en los mejores espejos.

Saludos,

J.

Luiz Gomes dijo...

¿Hola, buenas tardes, todo bien? Soy brasileño. ¿Aceptan uno siguiendo el blog del otro? Podemos ser amigos (no hay distancia para la amistad) y asociarnos con nuestros blogs. https://viagenspelobrasilerio.blogspot.com/?m=1

RECOMENZAR dijo...

no se si fue realidad o sueño pero he disfrutado tu momento
y estando contigo...
un abrazo desde una Miami llena de muertos

Luiz Gomes dijo...

Boa noite aqui no Brasil seria a mulher de branco. No Rio de Janeiro a mulher loira. Quando era criança tinha medo de ir ao banheiro pois tinha essa lenda urbana rsrsrs. Dava medo.

Dionisio Álvarez T. (DAT) dijo...

Cuan delicado y ejemplarizante, Carlos, nos dejas hoy este relato vivido en la persona del doctor ebrio y sin control fruto del exceso de ingesta de aguardiente en un momento determinado por o a saber qué circunstancias, más con todo ello aun en el peor de los escenarios la catrina da la posibilidad de un volver a regenerarse...cuídate equilibradamente. Un abrazo

Graça Pires dijo...

A noite e os seus mistérios, os seus perigos, os seus encantos... Gostei do seu conto.
Uma boa semana com muita saúde.
Um beijo.

Isa dijo...

Hola Carlos. Vaya historia tan buena. Un médico con humanidad, una mujer de la calle agradecida por salvar a su hijo y por esa cicatriz cerrada. El alcohol hace que se pierda el control y creo que la muerte andaba al acecho porque el espejo era ciego. Muy buena la historia.
Abrazosss

Manuela Fernández dijo...

Un texto es bueno cuando no es necesario ser explícito. El tuyo es genial, todos hemos entendido el final, claro como el agua.
SAludos.

Verónica Calvo dijo...

Muy bueno, Carlos.
Buenas descriptivas, personajes bien perfilados, dices sin decir...
Mi enhorabuena.

Un abrazo.

Himawan Sant dijo...

Un hecho que a menudo ocurre debido a la mayoría del alcohol.

Lo revisas bien.
Tenga un buen día.

CRISTINA dijo...

Hola Carlos, es un relato muy interesante. Cuando se bebe mas de la cuenta los efectos del alcohol puede afectar a todo aquello que hagamos. El alcohol resucita los recuerdos que deseamos olvidar, y los mismos siempre regresan con los tritones de ese océano infinito que inunda los sentimientos.
Un abrazo.

Laura dijo...

Mala noche, veo...
Lo peor, quizá, el día después.
Buen relato Carlos, me gustó.
Besos y abrazos.

A Casa Madeira dijo...

Nossa que pesadelo.

Boa entrada de mês de julho.
Abraços.

Laura. M dijo...

No es bueno tanta copa amigo. Sueño o realidad, te salió bueno.
Cuídate.
Un abrazo.

Alexander Strauffon dijo...

Muy bien trazado, Carlos.

RECOMENZAR dijo...

te leo en silencios me gusta

Joaquín Galán dijo...

Un relato que me gustó mucho por la forma de narrarlo y también por el fondo.Ese estilo vuestro del otro lado del Atlántico,tan directo y real a veces que resulta de una belleza descarnada,siempre me atrapó.Una historia entre luces y sombras pero casi mágica.El alcohol hace milagros a la hora de imaginar y luego narrar.No todo de él es malo :)

Abrazo Carlos.

Nuria Lourdes dijo...

¡Hila, Carlos!
Wooow, me ha encantado tu relato. Creo que te pasaste un poquito de traguitos, pero ello no impidió la inspiración para la creación de tu historia, al contrario, te motivó a hacerlo muy bien.
Felicidades.
Un fuerte abrazo.

Conchi dijo...

Creo que esa persona que te llevó de paseo era la Parca. Te pasaste algo con el aguardiente y fue mal resultado.

Abrazos.

Jova dijo...

No la sigas amigo por nada del mundo, creo saber quien es y creeme que no te gustara a donde te llevará.
Saludos y un beso.

la MaLquEridA dijo...

¿Se murió el borrachito?

Paula dijo...

Hola pasaba saludar!!!!
Te cuento que abrí un blog de haikùs y voy a dejar los otros puesto que no me da el tiempo para todos.
Espero verlos allì, un beso enorme y un abrazo.
PD: ESTE ES MI ÚLTIMO Y ÚNICO BLOG DE AQUÌ EN MÁS. TE SIGO CON ESTE NUEVO PERFIL.

La utopía de Irma dijo...

Ese dulzor del aguardiente no sé yo, la resaka tuvo que ser de campeonato.

Besines utópicos.-

Adriana Alba dijo...

Buen microrelato.
Te atrapa de punta a punta.
Trama, nudo y desenlace perfectos.
Un abrazo Carlos.

Manuel dijo...

Un relato precioso e intrigante. Y por la narrativa que utilizas tan detallada y tan bonita, en los pormenores del mismo, me recuerdas mucho escribiendo a tu paisano Gabriel García Márquez, nada más y nada menos. Con esto te quiero decir que leerte, es un auténtico placer.
En cuanto a ese final que dejas abierto, me dejas en duda ya que por aquí se dice: que las borracheras de aguardiente son las más malas, de todas las borracheras, ya que además de que dan mucho frío, hacen delirar al más pintado. Y que conste, que yo ni lo he probado, ya que las bebidas dulces no me van, a pesar de vivir muy, muy cerquita de Cazalla de la Sierra, donde se elabora un aguardiente de renombre mundial.
Un fuerte abrazo, estimado amigo Carlos.

Beatriz dijo...

Carlos, este cuento es muy bueno. Me encantó leerte. Parecía el aire Rulfiano donde la línea de la vida y la muerte es tan delgada que por momentos se cruzan en el andar mortal de los lectores.

Saludos, un placer.

CÉU dijo...

Hola, Carlos!

Espero que estejas bién de salud. La Pandemia nos assusta.
Não postas ya há um tempito.

Besos y que tudo va bién.