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jueves, 19 de septiembre de 2013

El tren de la medianoche

EL TREN DE LA MEDIANOCHE

Era un sueño casi persistente: no podía tomar ese tren de medianoche, porque llegaba, siempre tarde a la estación. A pesar de que era un sueño, se sentía molesto porque le intrigaba la incógnita de no saber a dónde conducía ese tren nocturno. Se propuso, así fuera un sueño, intervenirlo, para eludir los obstáculos que le impedían llegar temprano a la estación. Leyendo unos incunables medievales, que un tío suyo, -alquimista y esotérico- había heredado de sus abuelos (vinieron a América huyéndole al desenfadado fascismo de Benito Mussolini), encontró que los sueños podían manipularse con el deseo; y esa noche no pensó más que en tomar ese tren a como diera lugar, así fuera un sueño, y con el deseo a cuestas , como quien se seda a cuentagotas, se fue quedando profundo, y se vio en el sueño anticipándose a la salida del tren, sentado en la banca de espera de la estación . Lo que nunca supo, cuando se subió, es que el tren tenía como destino la muerte.