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lunes, 9 de septiembre de 2013

Saga



Saga








Anduvo los caminos que unen y desunen las antípodas,


trepó los montes altos del mundo por las gargantas más 

profundas,


se paseó por los mares del Caribe escanciando en cada 

puerto,


el ron más bravo y añejo de las destilerías sin código de 

barras.


Cada puño suyo en Harlem, derribaba como un castillo de 

naipes


una fila de negros.

Su falcada curva en Le Havre, puso en fuga a los pavorosos 

chinos que se ganaban


la vida,

cobrando a cuchilladas el tránsito por el Canal de la Mancha.

Aún las putas de Kingston guardan en las buhardillas   

las sábanas  


de sus noches prolongadas de amor y ron.


Él que todo lo pudo en la vida en su arrojo y temeridad

ahora llora sobre una cuerda floja, 

puesta en un abismo


la traición de una mujer.