Páginas vistas en total

miércoles, 9 de enero de 2013

Aguadas







Una brisa cálida anuncia la mañana.
El día se despereza,
y sus párpados abiertos se llenan de luz.
Huele a yerbabuena,
escapada de alguna maceta de los patios vastos rodeados de zaguanes dormidos 
de las viejas casas que se resisten a caer con su carga de recuerdos,
en estos rincones de historia y antiguallas.
Se huele la mañana en el café bravo
que hierve en la greca grande del bar de la esquina.
Un voceador anuncia los periódicos,
y las calles muerden  el bullicio de los carros y sus bocinas vocingleras.
La ciudad se ha abierto al día
con las rutinas del trabajo,
y el bostezo de los desocupados 
que juegan en las esquinas de los barrios,
o en los parques, 
a matar el ocio con las cartas,
o acaso a echar en el olvido 
la dura existencia.