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sábado, 19 de noviembre de 2016

Savia


Entiérrame aquí,
cuando muera,
bajo el viejo magnolio
que está en el patio,
que quiero ser savia:
en su tronco,
en sus ramas,
en sus hojas,
nido de pájaros
en su cielo



*Foto propia: Museo Ramírez Villamizar, Pamplona

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Las razones del suicida





  La primera que empezó a notarlo "raro" (y enfatizó esta palabra en el circulo de amigos que habían conformado para discutir sobre filosofía, arte y política) fue Rosaura. Algunos -ella lo intuía en sus miradas-pensaban que era pareja de Rogerio, pero su relación no iba más allá de encontrarse en algún café de la ciudad vieja, a tomarse un tinto o unas cervezas, y analizar los artículos de El viejo topo, que con semanas de anticipación, separaban en la librería de don Matías, el único librero que había lograda sobreaguar la crisis de la baja venta de libros con la aparición del internet, pues escasamente, llegaban de tres a cuatro ejemplares de la revista, dado su alto precio por los costos de importación.

 La preocupación cundió al grado de la alarma, cuando Rogerio, en las controversias al interior del grupo, se volvió monotemático con el tópico de la libertad absoluta como justificación de la vida, y no lo daba por agotado, tras haberse concluido que la libertad absoluta, era una entelequia, situación meramente ideal en la imaginación.

Entonces fue que se aisló, y se le veía en la biblioteca, indagando en los libros de los existencialistas franceses, Sartre y Camús, de manera febril sus posturas sobre la libertad y el sentido de la vida. Más en Camús, que había puesto en el terreno de realidad de novelas y dramas (El extranjero, Calígula), su enfoque sobre la libertad absoluta.


  Cuando la policía, llamada por los vecinos que sintieron quebrado el sueño por el frío pistoletazo de la madrugada, logró echar abajo la puerta del cuarto, lo encontró en un charco de sangre, la pistola agarrotada en sus dedos,y en la cama un libro abierto de pensamientos sueltos de Albert Camus. En la página abierta había subrayado: "esa carencia de una razón que justifique su existencia es lo que convierte al hombre en un ser absurdo y sin sentido...Sólo hay un problema filosófico verdaderamente serio, el suicidio. Juzgar si la vida es o no digna de ser vivida es la respuesta fundamental a la suma de preguntas filosóficas"

domingo, 23 de octubre de 2016

La casa





En la casa  los recuerdos aún
mantienen viva el alma,
con las macetas florecidas de geranios, 
claveles y siemprevivas,
y en el aroma de los nísperos en el solar,
anunciando la madrugada.
Por un costado de la casa miro con temor 
la ciudad moderna, 
avanzando amenazante 
con sus patas de hormigón 
sobre la ciudad vieja.
Sé que algún día echarán la casa abajo
y me sepultarán sus paredes caídas
en el más dulce de los recuerdos


*Foto propia: Casa Museo Moderno, Ramírez Villamizar, Pamplona, Norte de Santander (Colombia)

sábado, 15 de octubre de 2016

Pasa por mi ventana




!Pasa por mi ventana¡
y con tus ojos de sol,
ilumíname el alma,
que arrugada
y triste la tengo
como un bandoneón,
náufraga de besos
náufraga de amor.
!Pasa por mi ventana¡
y alivia  en tu mirada de luz,
éste  dolor oscuro
que  adentro espina fuerte
al afligido corazón
¡Pasa por mi ventana¡ 
que de tinieblas muero ya.


*Foto propia: Museo Casa Anzoátegui, Pamplona, Norte de Santander (Colombia)

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Almeja


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Mis dedos en tu boca,
almeja húmeda,
y grata.
Mientras chupas,
siento que soy linfa
que corre tus adentros.
Bocarriba me miras,
y la tarde muere en tus ojos
limpios y profundos

sábado, 10 de septiembre de 2016

Cuencas vacías


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Cuánto ansío  mirarme de nuevo 
en sus ojos frescos de rocío.
Ciego voy  por la ciudad como un  Tiresias,
adivinando el eco  de sus pasos huyentes
Loco tras  sus ojos voy 
ojos que son mis ojos,
en este laberinto de calles,
donde todo la recuerda, 
donde todo la reclama.
!Vuelve¡
le grito en el delirio de las sombras
que  al verme  de nuevo en sus ojos,
recobrarán la luz los míos.
!Vuelve¡
le grito
como un Edipo de cuencas vacías,
que se despeña por la vida 
tanteando las paredes,
en un ciego deambular.

martes, 30 de agosto de 2016

Gallera en las nubes (cuento)


Cuántas veces tirados en estos pastizales de yaraguá, nos quedábamos alelados mirando las nubes, formar a su capricho, figuras de aves, que se nos antojaban gallos de pelea porque siempre tenían las alas abiertas, y las patas alzadas en gesto de ataque. "Sólo les falta el alboroto de las galleras", decía ella, mientras me miraba con sus ojos dulces y serenos, que habría de nublar la muerte.Eran otros tiempos, cuando se podía respirar, y el aire entraba a los pulmones, limpio, con el olor dulzón de los almendros, y el picante de los bosques de canelo.

Ahora, el aire huele a pólvora, a sangre revenida, sangre de matadero, la misma que le puso a ella alas de tristeza, y se fue muriendo poco a poco, como se fueron muriendo los potreros de pasto yaraguá, donde nos acostábamos a mirar las peleas de gallos, que formaban las nubes en la inmensa gallera del cielo, de tarde en tarde