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martes, 18 de junio de 2013

Homónimo

Cuando se levantó, !qué guayabo del putas¡, eran las diez de la mañana en el radio-reloj de la mesita de noche. Le dolía la cabeza como si miles de brocas le tenebraran el cerebro, voy a enloquecer. Fue al baño y se lavó la boca. Le sabía a cobre, !no joda¡, no vuelvo a tomar cerveza. Sintió el estómago vacío. A esa hora del sábado su mujer estaría haciendo el mercado de la semana. Tengo un hambre de náufrago, fue a la mesa del comedor, y su mujer le había dejado servido el desayuno de tostadas con harto jugo de naranja, y el periódico doblado sobre una de las sillas. Se echó a la boca una tostada, y la pasó con un trago largo de jugo que bebió directamente de la jarra. Desplegó el periódico sobre la mesa del comedor, y se quedó estupefacto cuando leyó la noticia de su propia muerte. Debo estar muerto, el hombre del periódico tenía su misma profesión, contador, y le gustaban como él, el fútbol y los crucigramas. Pero, lo que nunca llegó a saber del hombre del periódico, antes de que le diera la punzada en el pecho que le reventó el corazón en mil pedazos, es que ese hombre era su homónimo.