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martes, 21 de julio de 2009

Luna de amor


Se había quedado sin ella, la mujer de siempre, aquella que en noches de luna se asomaba con él al balcón saledizo de maderas taraceadas en robles de ancestro de la vieja casa esquinera del puerto, y desnudos hacían el amor empapados de estrellas y luceros, eternizándose en los te quiero, cuando ella sentía que él era torrente de gratas humedades, haciendo brotar de su mar interior de limos, bulbos y zargazos, tsunamis volcánicos. La mujer se ha perdido en los rumbos encontrados de la rosa de los vientos, y a él sólo le queda la nostalgia de su cuerpo de arcilla, modelado en la caricia artesana de sus manos, que ahora sólo abrazan el vacío.
La luna que lo ha visto salir y sufrir por la ausencia de ella, siente la espina de su dolor, y , baja condolida hasta su balcón hecha cuerpo de mujer, para que el recuerdo amargo no lo ponga en desvarío. La leyenda, corre fluida, despeñándose salto abajo, propalada por borrachos noctámbulos y nictálopes putas: "un hombre ha enamorado la luna, y la tiene atrapada en su balcón."