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martes, 10 de febrero de 2009

KAROLL CUEVAS APERTURA TRAS LAS HUELLAS DEL POEMA


Cuando uno -que ha trasegado duro por el camino del teatro, la poética, el periodismo y la narrativa- observa la buena hornada de jóvenes piedecuestanos (Julio Pastor Delgado, Raúl Martínez, Heide Meneses, Deivin Salazar, Adriana Ortega, Didier Gómez...), metidos de pies a cabeza en el oficio de hacer literatura, se siente -enormemente- complacido.
Más si con otros quijotes como Óscar Delgado, Juan Remolina, y Mariela Basto, ha ayudado a que estas promesas del quehacer literario, y en fin, quienes se aventuran en el oficio de escribir con ambición creativa, cuenten con un espacio para mostrar en vivo su afán de moldear desde la estética la palabra. Eso ha sido la tertulia Tras las huellas del poema, un huequito obícuo (hemos tertuliado en los contextos más inverosímiles), no tenemos un lugar fijo para conversar porque la poesía no conjuga con el capital y la propiedad privada, pero de lo que si estamos seguros es que somos dueños de la palabra hecha verso, metáfora y vida, y eso nos basta . O la generosidad de gente como Clarita González, que ha abierto su café Kussy-Huayra, al arte y la cultura, y no importan las bombas que busquen acobardar a los espíritus emancipados. Al café sólo lo cierran sus contertulios, porque de ellos está hecho. Gracias, Clarita, por alojarnos en su café, que es estar en su corazón.

Para aperturar el ciclo de tertulias de este año de 2009, Tras las huellas del poema, invitó a Karoll Cuevas. Una docente metida en el cuento de las matemáticas que paradojalmente hace poesía. Su poesía está en maduración, anda en el camino de la búsqueda, pero lo relevante es que tienen tono sus versos, y oscilan entre los matices del amor que Juan remolina observa como el "eterno ritual de los despellejados por amor, cuya mezcla de lágrimas y sangre nos recuerda que somos mortales", mientras Óscar delgado los asume como "...poesía de amor sencilla sin ninguna pretensión...pero que nos devuelve cierta inocencia perdida y nos llena de nostalgias,,", en tanto yo los veo en el reflejo del amor que son "una mueca, un gesto que arruga el alma, por son más las ausencias, un asir la nada, humo donde se quiere atrapar el deseo, la caricia, la respuesta a la piel inflada en la ansiedad del goce, la fruición del beso, y sólo responde el aire hueco, sin fragancias".


La poesía de Karoll, la categorizo dentro de un lirismo que llamo de encuentros y desencuentros, y por eso ruedan sus versos sobre costas de naufragio:

sobre mi almohada

tu recuerdo;

entre mis sábanas,

tu ausencia;

entre mi pecho,

el deseo de tu amor.


Amor transformado en besos,

amor sinónimo de piel,

amor inquieto, desenfrenado

amor sin ser.



Infiere la poesía en ciernes de Karoll dolor, gemido, llanto, amor no satisfecho. Por eso tiene un acento condolido, que es de los matices más logrados. La piedra empieza a bruñirse, a abrir senderos el verso, en la poesía de Karoll. Y, para darle término a esta reseña, un poema completo de la invitada.


Ausencias


En mi silla,
un abrigo descargado,
un cuerpo cansado
un pañuelo húmedo.

Sobre mi escritorio,
una agenda abierta
un lapicero sin tapa
un desorden impenetrable.

En mi habitación,
un farol apagado
una cama arropada
una puerta cerrada.

En mi vida,
una cabeza agotada
unas manos maltratadas
unos ojos inundados.

En casa,
y desde su sala
se respira tu ausencia
que la muerte perversa, obligó a vivir