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viernes, 27 de diciembre de 2013

Muñeca rota


Venías con el alma herida. Eso de ir por el mundo, sin asir un amor, te había dejado como el sarmiento de una hoja seca. No sabías si habías perdido la fe en el amor, o aún tenías fuerzas para volver a amar. Volteabas la mirada al pasado distante y próximo y sólo percibías el cadáver de tus amores, regado en el recuerdo. Ahora que volvías, buscaste refugio en el pueblo aquel de la infancia. Aún te quedaba un refugio: la vieja casa. Subiste de memoria los peldaños de madera que llevaban al desván, y sobre la tapa del viejo baúl que guardaba tus juquetes, viste la muñeca de trapo, con la que jugabas de niña a ser mamá, deshilachada por el tiempo y el abandono, y una lágrima brotó de tus ojos, porque te sentiste como la muñeca, rota por dentro.