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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Lanzamiento de Ijares de la noche


IJARES DE LA NOCHE


Creo que el poeta se debe a sus versos, y debe correr el riesgo de publicar, como lo deben correr el cuentista, y el novelista, que se deben al artificio de crear historias y personajes, en una psicología que atrape al lector. Corro el riesgo en solitario de acometer la publicación poética. Lo había hecho colectivamente, en Páginas de Arena,al lado de los poetas Juan Remolina, Óscar Delgado, y Mariela Basto, con quienes amasamos versos, el la tertulia TRas huellas del poema, con la bondad que se amasa el pan candeal. Por eso la razón de, Ijares de la noche, pretexto para hablar  desde el poema del amor, la muerte, las pasiones, y el dolor, los sueños y la vida, pero que sea el prologuista, quien deje sentada su palabra:

Ritual de las estepas
(Prólogo, por Claudio Anaya)

Desde mi lectura, a este manojo de poemas, lo que más lo caracteriza es su acusada intención ritual. Dando por descontado que toda poesía es evocadora y ritual, esta colección de textos se manifiesta por su mirada hacia atrás. Tal vez hace caso omiso a la búsqueda ansiosa y a veces casi pugilística de los poetas en su afán por lograr una imagen perdurable que les asigne un lugarcito en la estructura piramidal del mundo literario y editorial, donde siempre se mira hacia adelante, con la premura por la búsqueda de la imagen inédita o la expresión inaudita.
La poesía se constituye por una amplia gama de propuestas, entre las cuales, lo digo sin ánimo descalificatorio, en nuestros tiempos y en nuestro medio ejerce tiranía la ulterior búsqueda de la imagen, quintaesencia del lenguaje poético, pero no la única forma de expresarla. Bastaría una mirada panorámica para registrar la Lírica, el Barroco, lo Gótico, los géneros híbridos derivados de la cultura audiovisual,  los medios electrónicos y el Internet, entre muchas otras propuestas como la poesía gutural y el hecho estético visual concerniente al teatro, las demás artes visuales y todo género de manifestación artística, incluida la arquitectura.
Son múltiples las manifestaciones del lenguaje poético, porque la poesía en esencia es libertad. Y una de esas manifestaciones es ese ritual de la memoria, que mira hacia atrás, con nostalgia por lo irrecuperable, quizá con la intensión de rescatar del naufragio algunos despojos que le sirvan como talismán, ante las vertiginosas mutaciones de un presente que nos ofrece una sociedad desarraigada en la cual las nuevas generaciones, carecen de un contexto simbólico que los inserte dentro de una tradición cultural y los incluya en un contexto cósmico y ecológico.
De ahí, los ámbitos que constituyen el libro Ijares de la noche, escrito por Carlos Augusto Pereira Martínez; la noche cargada de misterio y de peligro como una amante trágica, la luna con el mágico influjo de su suave luz gravitatoria, vuelta a ser sentida casi como la sintieron los románticos hace ciento sesenta años,  los lejanos acordes de la eterna guitarra que traen a la memoria un tiempo cuando se pudo soñar con un mundo mejor, la densa decepción de Santos Discépolo vertida en la casi profética letra del tango Cambalache, el erotismo, los cuchillos, el casual y nocturno viento frío que puede indicar nuestra fragilidad, las hogueras, y los gatos, oficiantes de la noche que al decir de Borges, viven en la eternidad; todos estos anteriores factores, además de constituir una mirada retrospectiva, son también el llamado del instinto en cuyo más lejano y sutil parpadeo subyace latente la promesa de ser libres como lo fuimos, subyace latente la promesa de la estepa.
Bucaramanga, junio de 2013











 Obra publicada:

*Ha llegado la hora (cuentos) segundo premio Treinta años UIS
La Candelaria  teatro colombiano en busca de una identidad (Ensayo y Entrevista)
La sombra de la máscara (Cuentos)
La saga del último de los duros (novela)
La angustia de las almas en pena (cuentos)
Päginas de arena (poesia)