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domingo, 13 de mayo de 2012

Errancias


Días sin sol lunas sin noche,
una baba adentro magma incendiario de vísceras,
amargo escapa por la boca;
y esta angustia en el pecho
que trepida como cascos de caballos
sobre el suelo desnudo,
es quizás la desesperanza de andar caminos
sin destino,
errancia inútil de cuchillos romos,
de bocas desdentadas para el pan,
de niños destetados para la guerra sin razón.
Vagan la niebla y las sombras,
sobre las tumbas levitando en sueños de ciudades sumergidas;
ni un canto de pájaros en las desnudas ramas de los árboles;
un aire salobre se pega en la piel, denso y pesado como la potala de una embarcación que ancla en arrecifes sin peces;
el tiempo es un reloj sin horas ni segundos,
 la vida un fantasma que no se reconoce en sus propios espejos,
y huye de los astrolabios que no recuerdan los puntos cardinales en el mapa del cielo.
¿qué hacer cuando la rosa de los vientos
extravía los caminos de  sueños e ilusiones,
y Ulises es piel asediada por monjes invertidos en Athos,
y Penólope busca al héroe troyano equívocamente en Lesbos,
la islita griega de la psicalíptica Safo?