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martes, 18 de noviembre de 2008

UNA FLOR EN LA TUMBA DEL PENSADOR Y POETA, EL PADRE ANTONIO GARCÍA LEMUS



Voy a comentar del hombre, antes que del religioso. Del maestro de Español y Filosofía que un día se apareció por el Colegio Balbino García, sin avisar, sin ruido, apenas insinuando en el distintivo de su cuello que era cura, pero que como docente hablaría desde su continente humano. Corrían los últimos años de la década de sesenta, del mayo 68 francés que puso a los estudiantes a abarrotar con su protesta las calles de París y su prohibido prohibir,de la guerra del Vietnam que sacrificaba aldeas enteras en el Vietcong y jóvenes americanos que regresaban en ataúdes a Norteamérica, del auge del Nadaísmo en Colombia con un Gonzalo Arango y su literatura inococlasta y defenestradora de actitudes burguesas,de las comunas y el hipismo, retornando al viejo ideal del buen salvaje rousseaniano,de los Beatles y su Submarillo Amarillo, semiotizando una rebeldía contra las instituciones caducas del establecimiento, cuando el profesor, antes que religioso, se paró frente al tablero, y se dejó venir con un discurso fresco y emotivo, no ajado, sobre gramática y composición literaria, supe ( ya hacía mis primeros pinitos literarios en periódicos de ocasión), que al frente de la clase tenía a un poeta. La poesía se le salía de la boca. Quizá por eso, la empatía. Hablábamos desde un idioma común : el del imaginario creativo.




Después, fue cogiendo vuelo en la docencia, y del juego de la sintaxis y la construcción de la palabra, pasó al del pergeño del saber. Él que había estudiado Filosofía y Teología, fundamentales para ordenarse como sacerdote, tomó la cátedra del pensamiento, y nos abrió las entendederas a punta de elucubraciones, razonamientos, y silogismos para que observáramos el mundo desde la perspectiva de la verdad y la realidad, y claro de la justicia, y se nos despertó tanto el seso que le pasó lo del aquel que mató el tigre y se asustó con el cuero, porque de los filósofos idealistas, empezamos a escudriñar en los materialistas y existencialistas, desbordando la patrística y los pensadores cristianos. Pero en el fondo era maestro y nos dejó que abreváramos en otras fuentes, pues no quería que nos pusiéramos el cíngulo de algún ismo filósofico. Creo que no le gustaban las marcas, ni los partidismos. Mejor que el hombre volara, y fuera una entidad con sus propias ideas, ese pensar desde el yo, que tanto reclamaba para un buen filósofo.




Más tarde, creamos con Fernando Moreno Rojas, en sus tiempos de estudiante de Derecho -aún sin prever que llegaría a ser alcalde de Piedecuesta- la revistilla El Candil. Allí le abrimos una página al que ya era un Maestro para nosotros, por su dual condición de poeta y pensador, el padre Antonio García Lemus, ese hombre alto, tan alto, que como Cortázar, parecía crecer todos los días. Esa página fue un espacio abierto para hablar de la vida. Acaso no es ella la que motiva sueños, utopías, y la razón de ser? De ahí que en Honor y compromiso, escribió alguna vez, en esa manera tan trasparente de enfocar su visión del hombre, de antropologizarlo en un lenguaje donde no faltaba la razón, pero también la pasión poética que "cultivar las espigas y los racimos, elaborar el maíz en blanca arepa, y la almendra del cacao en espumosa bebida, eso es ser hombre, pero sin postergar el cultivo indispensable de nuestra propia capacidad de audición; existimos para escuchar la palabra, que ilumina y estructura, que nos eleva y capacita. Caminar, sudar y fatigarse, sentir hambre y sed, eso es ser hombre, pero ejercitando los poderes que tenemos de asimilar, de entender y de crear; no sólo en el útero se conciben hijos, también en la mente se conciben pensamientos, proyectos y programas. Cultivar con las manos los terrones que se palpan, éso es ser hombre, pero sabiendo elevar y extender las manos en actitud de diálogo con una energía superior, que le da sentido a todas nuestras luchas." *




En otro de sus textos: Ocho meses río abajo*, una especie de ensayo sobre El General en su laberinto, la novela del Nobel Gabriel garcía Márquez sobre los últimos días del Libertador Simón Bolívar, escribe para El Candil, el padre García Lemus: "Me pregunto: Por qué García Márquez no ha escrito la vida toda de Bolívar, sino sólamente sus últimos casi ocho meses de vida? Porque este último lapso de vida corresponde a aquella geografía que el autor cobnoce muy bien y ama entrañablemente, o sea el Río magdalena y la Costa caribe. El novelista comienza por Bogotá y guaduas, puntos de partioda, para describir ya desde Honda, en tierra caliente, y continuando por Mompox, Turbaco, Cartagena, Soledad, Barranca de San Nocolás, hopy Barraquilla, la Ciénaga y santa Marta. No podríamos leer descripciones de los Llanos, ni de la Región andina, ni de la Costa Pacífica, pero describe con maestría lo que conoce y ama: paisajes, personajes, comidas, folclore, costumbres, vivencias de esa Costa Atlántica de Francisco el Hombre, de Rafael escalona, de esa tierra de mameyes y tamarindos, de la nostálgica cumbia y del pintoresco vallenato. Todo esto resonó en Estocolmo ante los Reyes, el Rey y la reina de Suecia absortos ante la vibrante dimensión fantástica de esta región meridional de América. Esta geografía física y social, espiritual, rica, integral de la Costa norte de Colombia es la misma en todos los logros literarios de este escritor costeño, caribeño, bolivariano, capaz en El Coronel no tiene quien le escriba, en Los Funerales de la mama grande, en la desalmada abuela de la Cándida Eréndira, en El ahogado más hermoso del mundo, en La hojarasca, en El amor en los tiempos del cólera, en El otoño del patriarca, en La crónica de una muerte anunciada, en Cien Años de Soledad, y en El general en su laberinto. Sólo este autor, y no otro, podía decirnos con su prestigio y con su magia, con sinceridad y amor, todo lo que le ocurrió al general, desde la bañera en que aparece sumergido en las primeras líneas de la novela, hasta la hamaca en San Pedro Alejandrino cuandio esa existencia mártir se extingue al siguiente ( y último día) de haber recibido El Santo viático que le llevó un cura desde el cercano pueblito de Mamatoco."




Y finalmente el poeta, esa vena recia que pone a prueba en los versos de un diestro manejo de la rima clásica, sobre El Quijote de Cervantes, en esa afán de hacer literatura dentro de la literatura, al relievar en el Caballero de la triste figura, el ícono del idealismo, y en Sancho la figura del realismo . Aquí los versos del Maestro García Lemus que se fue a compartir el sueño con las estrellas, allí donde la paz es sideral y completa. Una flor en su tumba.




Todavía está vivo entre nosotros


y estará mientras perdure el mundo


Don Miguel de cervantes Saavedra


con el libro de su famoso hidalgo:


El Don Alonso Quijano, el bueno,


llamado El caballero de la triste figura,


jinete en su caballo Rocinante,


ambos envueltos en la fantasía,


caballo y caballero,


binomio inspetable de hidalguía...


y Sancho panza en su panzudo Rucio,


tal para cual, jumento y escudero


como más nadie imaginarlos pudo.


Son frutos de tu claro penamiento,


son tus dos hijos, como tú, inmortales,


y como el hombre, son universales.


Ahí está el hombre: iluso e idealista,


noble y gentil, en busca de quimeras,


enamorado siempre de utopías,


en justas y torneos imposibles,


buscando pide lo armen caballero


para correr en pos de futuribles;


perto en ese quijote que es el hombre;


hay un Sancho realista que lo frena


que al pan le dice pan, y al vino, vino


Que ve que no hay endriagos, ni Merlines,


que no idealiza las mozas de las ventas,


que pisa tierra firme, y habla en prosa,


con gracejos y dichas de la gleba,


que es sabiduría a ras de vida.


Es el hombre cabal, hombre compleyo


con mucho de Quijote,


y con mucho de sancho.


Los solos ideales nos alienan


las solas realidades desorientan,


no somos sólo ángeles


ni solo animales


somos llama de luz


en vasijas de barro


somos nobles hidalgos


con hambre,sed y sueño


sentimos el impulso de traspasar


el tiempo


pero somos mortales,


nos sentimos tocados de locura


pero es preciso conservarnos cuerdos,


como Quijote y sancho, quién lo dijo?


Don Miguel cervantes en su libro.*

*GARCÍA LEMUS, Antonio. Honor y compromiso. En: El Candil. Piedecuesta (No. 14/1989)

*GARCÍA LEMUS, Antonio. Ocho meses río abajo. En: EL Candil. Piedecuesta (No. 15/1989)

*GARCíA LEMUS, Antonio. Cervantes filósofo y antropólogo. En: EL Candil. Piedecuesta (No.16/1990)