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sábado, 12 de julio de 2008

EL Carnaval de Barranquilla, un patrimonial cultural y no político




El carnaval - nadie lo pone en duda, pues todos conocen su origen popular y transgresor de lo establecido - nunca ha estado en manos de los políticos en el ejercicio del poder. Ello equivaldría a que la cultura fuera un patrimonio oficial, y de él provinieran los parámetros y los enfoques para ejercerla, dejando por este motivo de ser cultura, pues esta la hace el pueblo.
La cultura no es de nadie, pero sí del pueblo, y el carnaval, es una de sus expresiones, luego el carnaval no tiene propietarios. Pero, eso parece que quisieran los concejales de Barranquilla, ponerle dueño, con la peregrina idea de hacerse a su dirección y mando. En otras palabras apropiárselo, pues no les place que la administración del mismo esté en manos privadas, cuando los cabildantes manifiestan que el Alcalde de Barranquilla sea el que lo organice.
Uno de los patrimonios mundiales de la cultura colombiana, lo constituye El Carnaval de Barranquilla, y si se le ha dado tal reconocimiento que lo engrandece, es porque enraiga lo popular, y el pueblo sin distingos está metido de cabeza en su organización. De lo contrario, asumo, ya hubiera desaparecido con sus congos, toritos, marimondas y monocucos, disfraces tradicionales, y sus letanías, danzas de relación,y sus comparsas y bailarines, que le han dado la grandeza y el soporte, para que la Unesco haya categorizado al carnaval de la arenosa como "obra maestra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad".
En defensa del carnaval - naturalmente para que no caiga en manos de politiqueros - ha salido lanza en ristre, el periodista Ernesto McCausland, columnista de El Heraldo de Barranquilla. No quiere que le pase al carnaval, lo contrario de lo que le ocurría a las cosas que tocaba el rey Putifar: que los políticos lo tomen para volverlo mierda.
A McCausland, los personajes blanco de sus críticas, como al perodista Alfredo Molano, lo quieren poner entre las cuerdas, y por eso lo han llevado a los estrados judiciales, para denunciarlo por injuria y calumnia. Colombia y el pueblo barranquillero, sabrán responder, para no dejar que ese evento popular, se convierta en un generador de burocracia de quienes toman la política no para el servicio, sino para favorecer amigos y sus propias faltriqueras, y lleven al prestigioso carnaval costeño al abismo.



*Fotografías: Fundación Carnaval de Barraquilla