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domingo, 4 de mayo de 2008

EL CERVANTES PARA JUAN GELMAN, PREMIO MERECIDO A SU POESÍA “DE PIE CONTRA LA MUERTE”.


Pretextando visita de enfermo (en la clínica me había acompañado, cientos de veces, y en momentos críticos), Manuelito, mi filósofo de cabecera, cayó por mi casa. Me ponía al día en noticias, cuando dejé el periódico para escuchar lo que le urgía decirme. Conozco muy bien a Manuelito, y si él recala por mi casa, es porque quiere hacerme partícipe de alguna confidencia que le causa desazón. Estoy enamorado, musitó. Me quedé mirándole a los ojos, engrandecidos por los culos de botella de sus lentes pasados de moda, pero que a él le gustan porque le dan un aire de intelectual del mayo 68. Ya era hora, Manuelito, porque si deja pasar el tiempo (riéndome), iba a tener que hacer los hijos con los orines. El reía, también con el apunte, mientras sorbía un tinto que pringaba de lo caliente. Sin pudor por el enfermo, prendió un cigarrillo.
En la pausa volví sobre el periódico, para ahondar la noticia del Premio Cervantes, otorgado al poeta argentino Juan Gelman. Sabes que Gelman se ganó el Cervantes? Manuelito, con la taza de café humeando, ¡claro¡ de eso, también quería hablarte. Lo observé, mientras sorbía como náufrago el café negro,y el cigarrillo se le hacía cenizas entre los dedos, merecido premio a un poeta que ha sabido ser poeta, y aprovechar la poesía, sin caer en el panfleto o la pancarta para actuar desde el verso contra los déspotas, por eso no extraña que en su discurso, haya señalado que “ahí está la poesía, de pie contra la muerte”. La poesía, se acomoda las gafas, Manuelito, no puede ser otra cosa que vida, por eso Gelman en los momentos más duros de la dictadura en Argentina, cuando tuvo que tomar el camino del exilio, y allá en el destierro forzado, cuando le llegaban las noticias de los amigos y compañeros desaparecidos, sabía que al menos tenía el verso para fustigar la ignominia y el despotismo que la dictadura habían impuesto en Argentina, para negar la palabra, el pensamiento y la libertad. Contrapunteo, pero un verso, a pesar de la rabia, no extrávico de las buenas imágenes, las sensibilidades y la imaginación. Antes que todo la buena poesía donde se reunían, contra la cólera que provocaba la dictadura y sus desafueros, el núcleo de sus sueños poéticos: la poesía misma ( “A este oficio me obligan los dolores ajenos / las lágrimas, los pañuelos saludadores, las promesas en medio el otoño o del fuego los besos del encuentro, los besos del adiós / todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre / Nunca fue el dueño de mis cenizas, mis versos / nuestros oscuros los escriben como tirar contra la muerte”), el amor (“me parecía oír un pajarerío en el bosque /vos como amor encendiendo otros amores / o más..), el erotismo (“Esta Ofelia no es la prisionera de su voluntad / ella sigue a su cuerpo / espléndido como el golpe de vino en medio de los hombres/ su cuerpos estilo renacimiento lleno de sol de Italia pasa por buenos aires / Ofelia yo en tus pechos fundaría ciudades y ciudades de besos/hermosas libres con su sombra a repartir con los amantes mundiales / Ofelia por tus pechos pasa como un temblor de caballadas a medianoche por Florencia/ tus pechos altos duros come il palazzo vecchio.”.), la mujer( “Daniela Rocca loca dicen los magazines/ de una pobre mujer italiana por cierto/ que practicaba métodos feroces del olvido/ y no mató a sus padres y fue caritativa/ y un día de setiembre orinó bajo un árbol/ y era llena de gracia como santa maría”), los compañeros desaparecidos (“Ahora Miguel Ángel cruza la noche del país / va en un caballito de fuego / se le caen las palabras que tiemblan como el sur / tira balazos de esperanza / Es verdad que te hicieron pedazos en la tortura militar?¡Te caíste a pedacitos? ¿Y qué crece de cada pedacito tuyo?/ Acaso otro Ángel Miguel” ? He ahí, el valor de una estética que apela a la vida, para contrarrestar el terror y la muerte, alegoría del despotismo, dueño y señor de la existencia.
Merecido el Cervantes para Juan Gelman, otro poeta que como Benedetti, tuvo que pagar el apego a sus convicciones con el destierro. Pero he ahí, que la poesía salió robustecida, con un Gelman capaz superar la poesía de reacción, de combate, de cólera, por una puesta al servicio de la estética, sin dejar de fustigar la muerte enseñoreada en la dictadura militar.