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viernes, 26 de octubre de 2007

PAREMOS EL TERRICIDIO: POR UNA CULTURAL AMBIENTAL

El hombre hace parte del ecosistema más grande: tierra. Y, por ser entre la especie viva y el género animal, el más inteligente -dada su condición de racionalidad-debe estar -mayormente-interesado en la preservación del planeta. Acaso, a quién no le interesa mantener limpia la cama donde duerme, o en buen estado la casa donde vive? Sin embargo, pareciera no entusiasmarle la salud de la tierra. El mayor depredador y contaminador del planeta es el hombre. Arrasa monte a machete limpio, descuaja árboles a motosierra expedita, para colonizar tierras no aptas para la agricultura, que luego transforma en tierras para ganadería extensiva, sin reparar en el daño que sufrirá la tierra al incrementar el calentamiento global, provocado por la emisión de gas metano a la atmósfera, que despiden las bostas de los semovientes. No hay que negarlo: la ganadería extensiva es una de las que mayormente contribuye al calentamiento de la tierra. Por ello, hay que reorganizar esta actividad para beneficio ambiental, al igual que la de poner a marchar - urgentemente- energías limpias, que sustituyan o disminuyan el impacto contaminante de los derivados del petróleo.
Como se observa, no es fácil generar una política no contaminante, cuando está de por medio la petroquímica, que no sólo provee el energético fundamental para mover la industria mundial, sino que también, es materia prima esencial de productos esenciales. Luego, no basta crear una cultura ambiental el en concierto mundial de no polución, si los países que más contaminan y ensucian el planeta, no atienden los acuerdos y pactos mundiales sobre políticas ambientales, para no sólo prevenir la contaminación, sino bajar sus niveles.
Sinembargo, si se crea una conciencia ambiental (dígase también cultura), ante fenómenos como el deshielo de los polos, destrucción de glaciares (Colombia con estupor observa como dismuye considerablemente la corona de hielo de sus nevados), la presión mundial no sólo de expertos ambientales, sino de las gentes con sentido común, podrá ser mayor, y generar eco, para que los contaminadores, ante una consistente presión mundial, razonen sobre la necesidad !urgente¡ de adoptar una política ambiental, que pare el terricidio, a que conducen sus intereses crematísticos, antes que los de orden humano. De no ser así, la vida inteligente en el planeta tierra, tiene contados sus días.