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martes, 3 de julio de 2007

CRÓNICA DE KUSSI-HUAYRA, UN CAFÉ ARTE CON MALDICIÓN GITANA

Hará cuatro o cinco años atrás( el tiempo pasa tan raudo, provocando la desmemoria), que el Café Kussi-Huayra comenzó su vida de gitano en Piedecuesta, un pueblito santandereano, ahí hacia el sur, como quien toma las de villadiego para Tabogo (los cultos dicen Bogotá), conformando con Floridablanca y Girón, ese semicerco sobre la capital, Bucaramanga, que llaman con tanto aparato, los medradores del desarrollo, Zona Metropolitana. Primero, se instaló Kussi-Huayra, por la carrera octava, detrás de las dos imponentes iglesias (de calicanto la una, de piedra la otra), que apechugan La casa consistorial, (antes Palacio Municipal), enconchado como en una valva protectora,en un estrecho pero afectivo localito, ofreciendo lecturas poéticas con esos soñadores de la tertulia Tras las huellas del poema, que en un diciembre se trastearon de Manizales, al Premio Nacional de Poesía Julio Cortázar (1997), y Premio Nacional del Quinto concurso de poesía, Ciro Mendia, Julio Cesar Correa Diaz, para que leyera sus poemas en el entrañable barcito en comento.
Luego, aún a espaldas de las dos memorables iglesias, en largo zaguán, se abrió hacia un patio interior, amplio y acogedor, para darle abrigo al teatro (Gestus, Alas de Xue, Triciclos Negros), a la plástica, con las curadurías de Omar Suárez, al rock, a la música andina, a las experimentaciones de Edson Velandia, escarbando en los porritos, en las guabinas y tonadas santandereanas, dándoles un aire nuevo con Cabuya, y ahora con su propio grupo La tigra, donde suena un trombón con un sabor que se pega a la memoria.
Después tuvo que buscar otro lugar, el gitano y tanshumante Café Kussi-Huayra, que no desmaya en su porfía por subsistir, gracias a la terquedad de Las González: Clarita, Magda, Rocío, Amparo, su hermano Helberth, y Doña Bárbara, vientre que parió a estas mujeres, capaces de echar a andar sus sueños, ellas que han abrevado en la sociología, la historia, el trabajo social, la psicología y la administración, fuentes ineludibles para mirar la vida con rostro humano y sensible por eso su apuesta por el arte y la cultura.
En este periplo indesmayable, Kussi-Huayra, se refugió en una nueva concha, por los alrededores del parque principal, donde las dos memorables iglesias hienden el cielo: a dos cuadras, por el norte, en un centro comercial (Guatiguará). Ahí volvió la poesía, los locos de Tras las huellas del poema, la música andina, y una que otras discusiónes sobre arte y política, entreverada con expontáneas intervenciones de guitarristas, y cantantes, al calor del vino que prepara el café Kussi-Huayra.
Pero la maldición gitana, se ha cebado con el Café Kussy-Huayra, y este año cogería rumbo al sur del municipio, camino del Barrio Hoyogrande, y en la calle l3 No. 6-53, en el vasto espacio de una vieja casona, que fuera el abrevadero de mulas y caballos de arriería, abriría de nuevo sus puertas, contra el viento y la marea, y las oscuras maquinaciones de sus detractores, este café itinerante que se casó con el arte y la cultura, y que no entiende de fracasos ni derrotas.