Aquella noche, como siempre lo hacía, se sentó frente al computador. Abrió su blog, y experimentó por primera vez, él novelista baquiano de las letras, aquel terror de sus sueños repetidos, que le perlaba la frente de un sudor frío: ese miedo cerval a la página en blanco.
!Cómo me gusta¡
su gruta humedecida,
grumo que levanta la piel
como ola agradecida
haciendo espuma en la playa...
