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martes, 7 de julio de 2020

Esa manía mía











*Foto intervenida



Si le digo que la olvido
es como hacerle trampas
al aire,
al agua,
al poema,
al whisky
a los zapatos viejos, 
a las ganas de hacer de mis versos
canciones,
que me recuerdan que aún vivo
!Esa manía mía de vivir sin ella
pero siempre en ella¡

viernes, 26 de junio de 2020

Una extraña mujer anda por el patio






Foto intervenida

No la sentí llegar, por la modorra que me había causado la tercera botella de aguardiente. Cuando el aguardiente se me hace dulzón, sé que estoy a punto de emborracharme, entonces me levanté de la mesa, a pesar de los ruegos de los amigos para que me quedara otro rato, pagué la ronda, y me aventuré calle abajo, a pesar del peligro que entrañaba transitar la Calle de las alcahuetas, a esa hora de la noche, de alta densidad de malandrines entrenados en  el raponeo de carteras, el cuchillo en la espalda, y no haga movimientos raros, hermano, porque le corto hasta el alma, en medio de los ventorrillos a lado y lado de la vía, y la hedentina de orines revenidos.

Una puta, a la que llamaban la cremallera, tenía en la mejilla izquierda una cicatriz larga y cosida tan burdamente, que le quedaron las huellas de la sutura como un cierre, me acompañó hasta uno de los caserones de la ciudad histórica, donde vivía.  ¡Doctor No es hora de andar por estos lugares tan peligrosos, en semejante borrachera ¡.

Era fuerte, y bonita a pesar de la cicatriz. Le había hecho un favor que me agradecía hondamente. Tenía un niño, al cual le bajé la fiebre una noche que llegó al hospital sin un peso, y el niño delirando: la gastroenteritis lo estaba matando. Se la combatí, por nada, por humanidad. Ni siquiera acepté su gratitud de una noche de cama. Me ayudó a entrar al cuarto, que tenía puerta a la calle, y se fue luego con la noche, que empezaba a ventear un frío glacial.

En la cama todo empezó a darme vueltas, hasta caer en un abismo de remolinos, y flotar, luego, en una nata de silencio. Sé que es una mujer, la que está aquí. Tiene los ojos almendrados, y me llama, para que la siga por los zaguanes del patio de geranios, nomeolvides, y begonias. La sigo como si levitara, pero lo más extraño, que no escuche el griterío de los grillos en el patio, y al mirarme en el alto espejo que cuelga encima del lavamanos, no me devuelva la imagen de mi cara




jueves, 18 de junio de 2020

Escritura







*Foto de internet intervenida


En esta noche cargada 
de silencios
soledades
y  aromas  
de su piel excitada,
escribiré en su espalda,
el mejor de mis poemas:
no sólo te quiero,
te deseo

martes, 9 de junio de 2020

La noche huele a tus cabellos






*Foto propia

Se ha callado la música,
"¡ay! amor mío que terriblemente es estar vivo
Sin tu latido, sin tu latido”
y llueve en la ciudad vieja,
en un chancleteo de gotas de agua sobre el tejado,
como si fueran la tristeza misma
¡Ay! estas noches que callan su boca
abriéndose sus calles al silencio,   
silencio que muerde el alma,
en un abanico de soledad
como si la vida no respirara
adentro de las casas viejas  
Y este costado de mi cuerpo
que se duele,
herida del alma
a la espera después de la lluvia,
de la brisa salvífica
que trae el olor a limonero de tus cabellos

domingo, 31 de mayo de 2020

De amores imposibles







Creo que Heredia cantaba, en la pantalla grande del bar," Ay fogata de amor y luna, razón de mi vida", y sentados en la barra, nos habíamos puestos nostálgicos, trayendo a cuento viejos amores, cuando Alfonso, se quedó mirándome y me dijo, que me iba a parecer ridículo, lo que me iba a contar:
-Estoy enamorado de una violonchelista alemana
-Pero, si no te gusta la música de cámara- le respondí, y él pareció no escucharme
-La vi tocando por pura casualidad, su violonchelo en Film & Arts, y me enamoré perdidamente de ella. Es una muñeca, mi Anette Eisenhauer. Si le vieras la piel. Blanca como el algodón
-Las cámaras mienten. ¡Qué sé yo¡ En televisión se usan muchos trucos para mejorar el aspecto de las personas.
Sin embargo, Alfonso, había puesto una barrera a mis comentarios, y tuve que esperar a que él mismo saliera de su delirio, hasta que me preguntó, que si yo no había tenido amores imposibles. Le dije que no. Realmente, le mentí. Sí había vivido la experiencia algo similar, pero no como su amor limpio por la violonchelista teutona. Había sido un amor erógeno, por una diva del cine: Marilyn Monroe, la que le cantó en la Casa Blanca, al presidente Kennedy, con voz sensual, “Happy birthday to you / Happy birthday to you / Happy birthday Mr President / Happy birthday to you /  Thanks, Mr President"; aquella que en su película, Níágara, entrado ya en la pubertad, me templó por primera vez, la bragueta de los calzoncillos, en el teatro Mogador; la misma que me llevó a entronizarla, encima de la cabecera de mi cama, en el póster clásico donde el aire le sube la falda, tentadoramente, y ella trata con una  lasciva ingenuidad, de bajarla con sus manos.
Sí. La misma que un día le dio la ventolera de casarse con el dramaturgo Arthur Miller, el de La muerte de un viajante, y me entraron unos celos podridos, que no tuve más remedio que bajar su póster, de encima de la cabecera de la cabecera de la cama, y abandonarlo en un viejo baúl, en el cuarto de los trebejos. Pero puede suceder, que después de tantos años abra de nuevo el baúl para mirar el póster de la Monroe, y ya no me mate el deseo sino la nostalgia

*Foto intervenida

martes, 19 de mayo de 2020

Mascarada







Cuántas veces nos asalta ese vacío
de ingravidez, extraña levedad
donde vamos tanteando las paredes 

como sombras ciegas,
y los muros se esfuman a nuestros pasos,
los senderos se hacen humo,
y hasta tus muslos de pentélico deseo
son solo bruma.
El tiempo se ha estacionado como un invierno largo
en la lluvia monocorde que golpea los tejados.
Nada es cierto
en esta estación de mariposas de alas transparentes,
ni tu beso que muerde mi lengua,
ni mi palabra de poeta que atormenta con  ripiosos versos.
Nada vive
sólo este silencio sin amaneceres



*Foto intervenida



domingo, 10 de mayo de 2020

Marea baja





*Foto intervenida


La brisa golpea la ventana,
quiere entrar en el ritual
de los cuerpos sudados,
y las sábanas mojadas.
Es solo un recuerdo rencoroso
que ciñe las sienes,
tortura de golpe de atabal,
que se repite
repetido eco
que no cesa,
que no calla.
Ella ya no estaba,
hacía mucho tiempo
que no estaba,
era solo una imagen
en el mejor de los momentos,
sus labios húmedos,
abiertos como una corola de deseo,
al beso febril.
Y vientre abajo,
una pradera de pelusitas de trigo,
donde mis manos afanaban la caricia
sin desmayo,
sin abandono.
Y luego,
el vértigo de un barco ebrio,
mi barco de asalto
en la alta marea
de su istmo,
precipitando sus espumosas olas
sus olas moribundas
en la arena de su playa.
Era sólo una imagen,
alegoría del amor, en los buenos tiempos
diluyéndose en una foto vieja,
en un álbum roto,
en un álbum ya
sin alma…







jueves, 30 de abril de 2020

besos de incienso






*Foto intervenida

Desde mi atalaya 
apenas se viene la noche,
observo La calle del farol,
y la iglesia alzada en piedra roja,
como un asombro de la noche,
con su hamaca de estrellas
agarrada de las puntas 
de sus cónicas torres,
mientras 
pegados a la sombra de sus paredes 
se arrullan  los amantes,
burlando la cuarentena.
Las campanas están calladas,
-mordaza de bronces- de estos tiempos
donde más puede el silencio.
Pero me viene a la memoria
el tañido bronco del metal 
de otros tiempos
llamando a misa de seis.
Aún tengo en los labios,
esos besos con sabor a sahumerio,
cuando buscábamos los confesionarios,
y ella me ofrecía su boca púber
cántaro de húmeda saliva,
en el fragor del sahumerio,
inundando con su humo
las naves de la iglesia,
y el sacristán nos descubría
en un siempre largo beso, 

beso largo,
que no lo sentíamos como pecado,
y él nunca  nos decía nada,
como un cómplice 
que quizás también tuvo un amor
entre  el humo y el incienso

martes, 21 de abril de 2020

Cuentos de pandemia: bolero para una saga de amor

 · 



*Foto de internet intervenida


"Para que me sirve el alma /si la tengo ya amargada /si su vida idolatrada,/ por traiciones la deje...", el viejo bolero de Los Panchos suena como un eco interminable en el minicomponente. Y un frío helado, que entra por la ventana abierta y sin cortinas, se queda en el adusto piso, como una escarapela incómoda, pero al hombre, sentado en la mitad del cuarto en una silla roñosa, y con un revólver empretinado, parece no molestarle. Bebe como náufrago, a pico de botella, un aguardiente aniquilante, lo llaman "mataburros". Cuando el minicomponente, deja escuchar "para que sirve ser bueno,/ si se ríen en tu cara, /que me lleve la corriente, /que me lleve la corriente, /atrás no regresaré", el hombre como un resorte, se saca el revólver de la pretina, y aprieta el cañón contra su sien. La mancha roja en el piso, nunca la pudieron borrar.



miércoles, 15 de abril de 2020

De silencios y besos










*Foto propia



La casa se ha cerrado 
en una concha de silencios,
que enmudece el ruido de las cosas al caer,
cuando viene la noche,
después de los soles desnudos
descargando sus hervores de luz
en el patio,
donde aún la fuente respira vida
en los cientos de pájaros  picoteando 
el agua a libertad,
sin el espanto de los pasos
de otras veces de otros días.
Desde el zaguán, 
en esta soledad de presencias,
cuando la palabra se atasca, 
se hace un nudo en la garganta,
algo queda:
ver cómo espigan los geranios,
en los tiestos de barro
y la alegría de las begonias 
extendida en los maceteros 
por la brisa de la tarde. 
En la noche desbordando las ventanas
vuelan los suspiros,
y los besos se juntan
conjurando el miedo,
la angustia 
el espanto de esta soledad
sin estar solo:
es que más pueden la vida 
y el beso


martes, 31 de marzo de 2020

Martha Galletas, biografía de la ciudad vieja








*Ilustración propia



Tan natural, Martha Galletas
como los caracolíes,
que dan a la orilla del río, 
sombra ancha, 
generosa,
grata.
Era la muchacha de la casa del árbol,
y sus colaciones Corita -excitación del paladar.
Lady Godiva de pantalones rotos,
sobre la montura de su bicicleta vieja,
negra, 
como el metal de un barco sin lustre.
Quijote envejecido a destiempo
en su Rocinante de  dos ruedas
paseaba su libertad,
por las calles de la ciudad vieja
encendido de vincha* su cerebro, 
diciéndonos al pasar  
que ella era tan libre
como un ave en el añil del cielo,
y nosotros,
tras los alambres de la jaula,
unos pobres pájaros
con las alas rotas.
¿A dónde andará ahora 
que es un soplo liviano
e indeleble?

*Vincha: yerba

martes, 24 de marzo de 2020

Aguada en sepia









Sé que no habito en la alegría de los que celebran con champagne
el social escalamiento (arribismo dice mi filósofo);
ni en el glamour de la mujer que se baña en perfume de Lacoste o Chanel;
tampoco estoy en el alma de aquel que saborea un Varela Sarrazanz,
con el falso deleite de un somelier de caro restaurante;
ni en la de aquel que comenta Madame Buterfly a su mujer con mendaz goce, en un palco sombrío de la ópera.
Nada de eso soy, menos lector de un Cuáthemoc, Walter Rizo o Coelho, que venden libros como si fueran chorizos
Soy de los que se gozan a Fellini en un teatro de miseria,
si es que estos teatros aún se salvan de la ruina,
y bebe el vino más barato en la trastienda,
mientras rasga una guitarra que el corazón arruga
y aniquila el alma.
Soy de los que leen a García Márquez sentado en la taza del baño de la casa;
a Borges al lado de una tinaja de chicha fresca;
a Mariamercedes en el alma anochecida de un bar malogrado por el tiempo,
donde ponen boleros de Daniel santos,salsa de Blades, Lavoe y Cheo Feliciano;
a Roca en un viejo tiovivo con la cabeza repleta de cervezas.
Soy un cantor de versos desportillados,
que no olvida a Serrat, Sabina, Cabral, Silvio o Milanés en sus canciones;
soy el recuerdo y el olvido,
un actor perdido en la niebla de la escena,
un enamorado de la vida,
cantándole sus penas a la luna,
o ese hombre feliz con cara de niño
cuando las cometas hienden el viento
y son una mancha de colores en el azul del cielo.



Foto intervenida








miércoles, 18 de marzo de 2020

La de la falda al vuelo











Foto intervenida


Me asomo a la ventana para verla
pasar,
muchacha de la falda al vuelo,
con sus ojos de alegría mañanera.
Cada vez que pasa
me devuelve su mirada con la gracia
de una gata silvestre,
y natural,
mientras gana la calle,
y yo agradezco
con mis propias oraciones
su andar por la amplia pasarela
de mi ventana.
Pero,
me he puesto triste.
!Ya no pasa¡, 
la muchacha de la falda al vuelo.
Al menos, 
se quedó enredado en la brisa 
que aparta las hojas de los árboles,
el perfume a limonero
de su pelo



jueves, 12 de marzo de 2020

Cántaro













*Foto intervenida



Bajo la sombra de tu pelo
hueles azahar
y en el nido de tu pecho
tus ojos custodios

son estrellas mientras duermo en ellos.
Contigo siento que soy la brisa
que se eleva ingrávida
y se vuelve lluvia luego
para mojar tu cuerpo,
y encajar en cada poro
de tu piel
la eternidad del agua.
!Corre¡ lluvia por su piel,
que soy el agua,
y tú cántaro agradecido.
Mañana,
amor,
serás durazno
y me embriagaré de su licor
en cada beso tuyo.
Muerde mi boca
que muerdo la tuya,
mi durazno en flor
Es la hora del tálamo
y la piel llama al abrigo
de los cuerpos.
Vendrá la madrugada
y en tu cuerpo desnudo
nacerán jazmines
saludando el nuevo día.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Aromas





*Foto propia intervenida



Eco de su dulce voz que se repite en las grietas
de la  ciudad vieja,
como un fino puñal que hiere de felicidad la memoria.
No está,
es el viento que se ha quedado con su habla de sirena
citadina,
y me fuerza a buscarla en la barra de los bares 
donde cantábamos con Sabina
“mi corazón de viaje
de un pasado bucanero
de un velero al abordaje
de un no te quiero querer.
La  ciudad vieja huele a ella,
como una flor que hubiera abierto
su sexo,
a los aromas del deseo,
desparramándolos por la piel de las piedras
y los muros,
como una bella maldición


jueves, 20 de febrero de 2020

La ciudad vieja duerme









*Foto propia: Tejados y balcones de la Casa Consistorial. Piedecuesta (Colombia)




La ciudad duerme sobre los tejados,

en un mediodía de sopor.

Hay silencio denso,

como si nada existiera,

como si el tiempo se hubiera detenido

en un caldo de calor que está ahí,

vivo con los latidos de un corazón,

mientras las palomas que siempre zurean

sobre estos  tejados viejos de la ciudad,

se han rendido a un ardor que abate y

anestesia la conciencia




sábado, 15 de febrero de 2020

LA MAGA QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO











*Foto intervenida


Siempre habrá una Maga, como la de la Rayuela en nosotros. La veremos un día despistada, con el pelo rebelde en la cara, caminando por una calle náufraga de señales, y nos iremos tras ella, conversando de lo fresca que está tarde (ayer el calor era insoportable), y sabremos que vive en un apartamento que amenaza ruina; pondrá unos discos del gran Satchmo, nos hablará de El perseguidor de Cortázar, y entrada la noche, ella preparará un tinto, mientras parlotea de un rincón de la ciudad donde los pájaros mueren contra los ventanales, entonces nos daremos un beso, y seremos ya, parte de su juego, ese juego interminable de jugar a reencontrarnos en la excusa del azar o la coincidencia, por esos lugares que ella demarca como suyos, productos de su amor por la ciudad, porque más ha podido esa manera silvestre, natural y salvaje de amarnos, ella desandado nuestros pasos, nosotros desandando los de ella


Un 14 de febrero 1984 murió, Julio Cortázar en París, enterrado en Montparnase. Y, la mejor manera de recordarlo, debe ser a través de la legendaria y perenne,  Maga.



jueves, 6 de febrero de 2020

Noche azul




*Foto propia




Hay noches de noches,
como esta que encala de azul
las paredes de la casa.
Noche sin brújula,
de relojes sin horas,
noche sin retorno.
Marinero ciego
navego en las sombras de mis sueños,
camino del naufragio
y tu voz no me llega.
Sólo los ! ayes ¡
desgajando las hojas
del delirio de un bosque
de helechos y de sauces






jueves, 30 de enero de 2020

Grietas









*Foto intervenida




Cuántas veces abrí grietas en las nubes
para escribir su nombre.
Eran los tiempos del asombro.
De la piel de ella tatuada de versos por el pico
de pájaros de ternura.
Cuántas veces desató tormentas mi voz,
desbordando su eco por los caminos de la rosa
de los vientos.
Por aquellos tiempos bañábamos nuestros cuerpos
en las aguas desatadas de un sexo ardido y vehemente.
Hoy las nubes son un plomo denso que amenaza la tormenta,
y en su piel se marchitan los versos
como los árboles que ven secarse sus ramas en la agonía del verano.
Y mi voz es un eco sordo que se repite adentro del alma,
mientras el deseo muere en nuestras bocas

en el goce marchito del sexo