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domingo, 10 de octubre de 2010

La mujer de la colt 45


Cuando cerraban el bar, agonizaba justamente la voz de Sabina, en desnudos al amanecer nos encontró la luna. Afuera caía esa especie de llovizna que los limeños llaman garúa. Más de tres meses llevaba ese inviernillo, que se asomaba en gotas de agua fina, en los momentos menos justos: la salida de un cine, la hora de ir al trabajo o salir de él. Eran casi las tres de la mañana, el dueño del bar nos arrojó a la calle, disculpándose, tengo permiso hasta las dos, y no tarda en caerme la tomba, a ponerme un comparendo, así es que ahuequen, y no quedó nadie adentro, ni la voz de Sabina en el equipo cuadrofónico, contándonos de la farra y los polvos peleados con la gata de la canción, en una puja de noche y madrugada. Iris, que así dijo que se llamaba, se repegó a mi cuerpo, y yo le eché el brazo, para darle calor, porque empezó a correr , llevándose las hebras delgadas de la lluvia, un viento frío, por la avenida abajo. Entonces en el abrazo, sentí pegada a su cadera, la colt 45. Conocía esa pistola con solo palparla si me encaletaba una de esas, haciendo inteligencia, cuando estuve en el servicio militar. Tranquilo, no se ponga rabón, me dijo, y paramos un taxi. Fuimos a dar cerca a los Ministerios, donde tenía el apartaco, en el segundo piso, sobre la Gran Avenida. Bajo la chaqueta, bien abrigada traía la botella de aguardiente, que nos había quedado cuando el barman nos puso paticas en la calle, y chupamos el guaro a pico. Abrí la ventana, a pesar del frío. La llovizna no cesaba, terca como el insomnio. Iris se desnudo, tirando en el piso la blusa amarilla como un sol, los sostenes que dejaron al descubiertos, unos pechos redondos y generosos; se sacó también el bluyín de rotos e hilachas, y se tendió en la cama, en la postura de la maja desnuda de Goya. Lo extraño, es que no vi dónde dejó caer la pistola, y , lo que más me preocupaba, era tener que meterme en la cama, y hacerle, alternativamente, el amor para distraerla, mientras descubría donde había dejado la puta colt 45.

11 comentarios:

Rosa de los vientos dijo...

Me tramó el cuento, Carlos. Bien pasa de la poesía a la narración. Un beso

EL AVE PEREGRINA dijo...

Bello relato, bajo las notas... de la genial canción de Sabina.

Un abrazo fraterno.

la MaLquEridA dijo...

Y sin poder concentrarse en ninguna de las dos cosas.

Hacer el amor o buscar la pistola, ¿qué era más importante a fin de cuentas?.


beso.

Anouna dijo...

Me dejó atrapada la historia con ganas de saber...más!

Hay una buena idea del lugar, nos dá señales, nos indica, va subrayando los sucesos pero sin revelar, eso es misterio. Envuelve y los personajes se hacen parte de ese círculo. Me gusta el ambiente y los matices que se dejan ver. Viene una segunda parte?

Un abrazo inmenso, Anouna

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

El cuento es críptico, por eso queda a la imaginación del lector. Un abrazo a todos.

medianoche dijo...

Una madruga que efímera se diluye buscando la colt 45, buenísima narración.

Besos

Nazaríes dijo...

Sabes que Sabina es uno de mis cantaautores preferidos??

Magnifico relato,Te superas dia a dia.


Besos

MORGANA dijo...

Me encanta Sabina y las colt 45.
Bella historia,intrigante....

Mercedes Cardona dijo...

MIS PENSAMIENTOS. MERCE CARDONA.

Dice, gracias por pasar por mi casa, siempre es de agradecer que te lean.

Intrigante y bonito relato....

Besos

mariarosa dijo...

¡Que problema!

¿El amor o la 45?

Muy buen relato, nos va llevando con interes hasta el final.
Me gustó.

Un saludo.

mariarosa

Liliana G. dijo...

Se podían hacer las dos cosas, Carlos, de a una por vez, claro, bastaba con dejarla dormida :)

Me encantó, de verdad que sí.

En Argentina también llamamos "garúa" a la llovizna, me sorprendió que usaras el término.

Besotes.