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sábado, 28 de agosto de 2010

Cardos y espinos


Hay una nata de silencio,

una mudez en los objetos,

en esta hora de los olvidos,

que hiere la piel con insania

de cardos y espinos.

Dolor que no entraña la sangre

de los otros deslavazándose río abajo,

o regando los riñones del monte,

allí donde el mastranto, el samán,

el matarratón o la guayaba cimarrona,

echan raices, en el fondo de las fosas.

Hasta las bocas antes

habladantinosas,

han puesto cerradura a las palabras.

Es que las muertes han sido tantas,

juntando herida tras tras herida,

que se secó el dolor,

las lágrimas se volvieron piedras,

y la memoria olvido.

Por eso los ayes de los agonizantes,

son golpes secos en oidos sordos,

y a nadie le importan las falcadas

y puñales,

abriendo surcos de muerte

en la piel de los vivos.

viernes, 20 de agosto de 2010

El Maestro Espinosa de mis asombros











Sabía de él por sus pinturas, caracterizadas en la recreación plástica de objetos cotidianos, que llamaban al asombro: palas, martillos, escaleras, pipas, fósforos (cerillas), sillas, piedras, hojas que se animaban ante los ojos del espectador, y lo llevaban, en un correlato con los objetos, a fabular historias. Ahí tras los objetos una anécdota, el trasegar de la vida, la trascendencia de la existencia, pintura y espectador . No de otra manera podía concebir la etapa del Guillermo Espinosa auténtico, ingenioso y creativo, en una estética universal, paradojalmente, de las cosas habituales, a quien más tarde, el crítico de arte, Álvaro Ramírez, me llevaría a conocer, arriba de la autopista a Bucaramanga, por los lados de La Mata, donde vivía en una especie de bungalow, alejado del ruido y la mundanidad, y donde tenía su taller.



No lo niego que en el observador de esos utensilios, herramientas, menajes y máquinas, sin magia para los amordazados por lo material, pero que en los pinceles del maestro Guillermo espinosa tomaban la dimensión del ensalmo, se quedó anclado mi asombro, porque en esta obra, retomando los versos de Octavio Paz, dentro de mi me apiño, en mi mismo me hacino y al apiñarme me derramo, era él, su entrañalidad, su ser. Ahora el maestro es polvo, huella en el camino, de esos senderos levantiscos que recorría a pie, cercanos a su taller, abriéndose a campo abierto, como su pintura desbordante.








jueves, 12 de agosto de 2010

Banderas


Lo dijo:

!vamos a plantar banderas de libertad,

allí donde la palabra la ahoga la mordaza¡

y desaparecieron el alfabeto.

Lo dijo:

!vamos a sembrar pendones blancos,

allí donde la paz tiene rostro de muerte¡

y su heraldo albo, lo tiñeron de sangre.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Muslos

Hoy volví a ver una foto

de los muslos de Marilyn Monroe,

espléndidos, sensuales,

pero no dan la talla de los tuyos,

ardientes y carnales.
*Pintura: Maestro Darío Morales, Cartagena (colombia): Desnudo de mujer enfrente de ventanas francesas

domingo, 8 de agosto de 2010

Lucero



En la lunada,

con la cabeza ébria,

mientras la música molía canciones

de Silvio y Chavela vargas

("el breve espacio..." y "las ciudades"),

me tiré en la hierba fría,

a mirar un cielo calvo de nubes,

sin estrellas;

añoraba que lo hendiera un lucero,

aunque fuera fugaz,

y bordeando El Chicamocha,

lo vi arrojarse sobre el cañón.

En otro costado del mundo supe,

que debías estarlo mirando también,

porque era nuestro lucero