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lunes, 23 de marzo de 2009

Mural




L e vino la imagen de la mujer, su cuerpo moreno desnudo, enroscado al suyo, y ese espasmo de aguas tormentosas cuando entraba en ella, y luego se apaciguaban en quietas humedades. De espaldas a la pared, con los ojos vendados y las manos maniatadas, el disparo sonó frío y metálico en la noche, directo a la cabeza del hombre, dejando en el muro blanco del estrecho callejón, el fresco de sus sesos y su sangre esparcidos, como memoria de la infame tragedia.
*Pintura del maestro Fernando Botero