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viernes, 31 de julio de 2009

Memoria en los cinco años de ausencia del poeta precoz Mario Andrés González Sandoval



No era aún mayor de edad, pero ya se había bebido la vida en los licores más gratos y amargos: la poesía, el teatro, el amor y lo duro de un país reventado por el expolio, las desigualdades sociales, el despotismo del capital , los detentadores del poder, y la angustia diaria de querer un país mejor, mientras los déspotas desataban, como en el poema de Vallejo "los heraldos de la muerte" .


Esa lucha sin pausa en colectivos, asociaciones de carácter civil o cultural por el respeto a la vida. Era aún un pelao, y tenía espíritu de grande de sabio de la tribu, con su gorra negra desleída, y su mochila con esa pátina que da el color del tiempo, la del uso y el abuso, cuajada de poemas que ni siquiera me enteré, a pesar que estuvo con sus hermanas en Gestus-teatro, el grupo que dirijo, y asistía a las tertulias de TRas las huellas del poema, el espacio creado hace tantos años, para soñar con el verso. De no ser por sus cercanos, su poesía se hubiera perdido.


Pero ahí, estaba Javier Quintero, el pintor que inmortalizó EDson Velandia en su primer CD, El Sietemanes, íntimo de la familia de Mario Andrés González Sandoval, para que recogiera sus poemas escritos en pedazos de papel, que guardaba en su mochila, como fragmentos de recuerdos, que inconscientemente dejaba allí, para que a su muerte, a través de su poética se pudiera recuperar su real imagen, la que no se veía en vida: su alma, su esencia.


Un 31 de julio, en una misión humanitaria por los lados del valle del Río Cimitarra, en el sur de Bolívar, el río se lo tragó. Cinco años de su ausencia, pero no de su esencia que ha quedado registrada en su poemario póstumo Del mar y del río: la vigencia de los sueños, los dioses de la vendimia., el cual, por deferencia de Rocío González, su hermana, y actriz de Gestus-teatro, tuve el honor de prologar. Este libro es el rostro de Mario Andrés, ahí están sus sueños, sus dolores, sus pasiones. Estos poemas son su mirada, su cara de niño precoz, que se fue antes del momento de gritar como en uno de sus poemas "preparen ahora los cantos/ que renace ya la aurora".






Muestra Poética de Mario Andréz González Sandoval




Prometeo




Estoy encandenado


tras la gruta del encierro


donde los dioses condenan


mi pequeño mundo


soy un niño frente al mostrador


sediento de la nueva luz,


del nuevo pan


del nuevo elíxir


estoy preso en mis montañas


preso de vista,


preso de silencio,


mi memoria está presa también.

domingo, 26 de julio de 2009

Sueño de mariposa


Sé que me contemplas

absorta,
como una mariposa

atraida por el fanal,

mientras sueño

en el sueño de

tus desvelos.

Siempre lo he confesado sin rubores: el Nadaísmo me salvó para la cordura y la locura de escribir. Antes de él no leía, menos garrapateaba un verso trasnochado que mandarle a algún amor subterráneo, que tanto abundaban por aquellos tiempos de nostalgia. Y más, me sedujeron su corrosivo humor, y la iconoclastia de Pablus Gallinazus, de éstas tierras "garroteras", que con su novela La pequeña hermana, estrenó el concurso de novela nadaísta, apuntándole al primer puesto, y al recococimiento popular que vendría después con su canciones testimoniales y de protesta, Principito gamincito, La mula revolucionaria, Una flor para mascar, Silvestre Garabito. Vino a Piedecuesta, y su verbo puso dinamita en las instituciones de tradición de la política, la religión, y el mismo Estado, amarrado a un plebiscito de cogobierno por dieciseis años de los partidos históricos, mientras la democracia se quedaba hecha una mierda, y los nuevos partidos sin oficio, porque por un mandato constitucional, tenían que esperarse tres lustros y un año, para presentarse como opción de poder.
Hoy no soy nadaísta, soy yo, no lo creo sino lo siento, con mis convicciones a cuestas, y mis sueños agarrados de las utopías. Pero el Nadaísmo, negarlo sería como desconocer que fuimos onanistas, anidó en mi cabeza huevos de pensamiento, despertó el imaginario, y me puso en el camino de la lectura sin pausa ni fatiga, y la ansiedad de montarle grafías a los deseos y la razón. Y entendí, por aquellos tiempos, donde aún no fatigaba a Paulo Freyre, que leer era escribir. Y a entender el mundo desde la dialéctica y el existencialismo. La dura brega del hombre por ser, y la negación del otro, desde el poder, de su derecho ético al sueño del mundo con pan en la mesa para todos. Fueron apareciendo los primeros textos, trazos elementales de teatro, cocinados en la burda pancarta, pero después, una muestra -con el juego de los versos y la narrativa corta- de textos dramáticos depurándose de lo panfletario, y horneados para una dramaturgia política y social menos contestaria: Alambrada, La casona, Réplica, textos para los viejos tiempos del teatro El Tablón.
Del teatro a la narrativa, y de ésta como un canguro rebotando a la poesía, al periodismo, a la crítica literaria y cinematográfica en periódicos que terminaba llevándoselos el viento, El Bumangués, Avance juvenil. De tal caldo habría de venir la primera satisfacción, el libro de cuentos, Ha llegado la hora, segundo premio Concurso Nacional de cuento 30 años UIS. Distinción en metálico y la publicación de mil ejemplares, para canjear entre universidades, y doscientos libros para mí. Tiempos aquellos, andaba jodido, con los bolsillos rotos y el premio me puso a saltar en un pie. Ahora, sabía que los cuentos que escribía no eran puro cuento, y pude por lo menos comer pollo, pues por aquellos tiempos comer pollo era como pagarse una noche en el Hotel Hilton o el Tequendama de Bogotá.
Más tarde, a cuatro manos con el crítico Álvaro Ramírez Ortiz, publicamos un homenaje al teatro La Candelaria, y en especial al maestro Santiago García, una entrevista con Santiago, y un ensayo mío sobre el Nuevo teatro colombiano, en La Canderia identidad nacional... dramaturgia nacional. Más tarde públicaría, La Sombra de la máscara, cuentos para mamarle gallo a los héroes de las tiras cómicas y del cine americano: Tarzán, Batman y Robin, Supermán, Rambo, cuentos un tanto undergroond,. y vendría luego, otra de las aspiraciones en el campo de la narrativa, explorar la novela, y se públicó, gracias a la gestión del Alcalde, Miguel Ángel Santos, La saga del último de los duros.
Después, otra de las satisfacciones literarias: primer finalista, del Primer Concurso Metropolitano de Poesía "Gustavo Cote Uribe", organizado por el Instituto de Cultura de Bucaramanga, junto a la de publicar con los poetas Óscar delgado, Juan remolina, y Mariela Basto, de nuestra tertulia Tras las huellas del poema, el texto colectivo, Páginas de arena. Y, finalmente unos cuentos que tenía atravesados como una espina de pescado en la garganta, sobre las fosas comunes, desplazados y desaparecidos en Colombia, La angustia de las almas en pena, publicados en diciembre del año pasado. Creo que a esto se deba, el reconocimiento que los rectores de la cultura en Piedecuesta, el maestro, Henry Orbegozo, el Licenciado Edgar Bohórquez, y la doctora Elvinia de Valero, dicidieron otorgarme, junto a otros valores de la cultura local, Holguer Alfredo Cruz, Reynaldo Cristancho y Carmen Cecilia Díaz, con motivo de la celebración de las fiestas de aniversario de esta Villa de San Carlos al pie de la cuesta.

martes, 21 de julio de 2009

Luna de amor


Se había quedado sin ella, la mujer de siempre, aquella que en noches de luna se asomaba con él al balcón saledizo de maderas taraceadas en robles de ancestro de la vieja casa esquinera del puerto, y desnudos hacían el amor empapados de estrellas y luceros, eternizándose en los te quiero, cuando ella sentía que él era torrente de gratas humedades, haciendo brotar de su mar interior de limos, bulbos y zargazos, tsunamis volcánicos. La mujer se ha perdido en los rumbos encontrados de la rosa de los vientos, y a él sólo le queda la nostalgia de su cuerpo de arcilla, modelado en la caricia artesana de sus manos, que ahora sólo abrazan el vacío.
La luna que lo ha visto salir y sufrir por la ausencia de ella, siente la espina de su dolor, y , baja condolida hasta su balcón hecha cuerpo de mujer, para que el recuerdo amargo no lo ponga en desvarío. La leyenda, corre fluida, despeñándose salto abajo, propalada por borrachos noctámbulos y nictálopes putas: "un hombre ha enamorado la luna, y la tiene atrapada en su balcón."

jueves, 16 de julio de 2009

Cuando un amigo se va


A la memoria vienen las canciones, y en medio de ellas el licor apretando en su entrada la garganta, y las letras extendiendo en la memoria un tapete de amores, fracasos, y la amistad que se sella en la copa entrechocada cuando la sangre se enfiebra, y nos sentimos más hermanos. Así lo conocimos, venía a hacer el año rural, médico recién desempacado, con el humanismo a cuestas. Ese día a Pachito (mi compañero de aventuras musicales) y a mi, por ligazones con el hospital local, nos invitaron a animar la fiesta de cumpleaños del ya desaparecido y excelente cirujano, Mario Sorzano, entregado de manera visceral en el mejoramiento de esta institución de la cual había sido director . En la reunión, estaba presente, el pasante, Pedro Chanagá, estrenándose como médico, y bastó su aire festivo, su corazón de gorrión, hecho de gruesos sentimientos, para que engancháramos una amistad, como la de los versos de Alberto Cortez: un barco frágil de papel/ parece a veces la amistad/ pero jamás puede con él/ la más tremenda tempestad/ porque ese barco de papel/ tiene aferrado a su timón/ por capitán y timonel/ un corazón..". Le sobraba corazón a Pedro Chanagá, quien aferrada la hermandad por la música, la poesía, y los sentimientos, llegaba despacito a mis casa en su carro silencioso, con Pachito, don Manuel y el Loco Jorge, los compas, y en algún espacio de la ciudad, o en el colonial Girón, asomaba una querencia para dejar en ella,el ensueño de los arpegios de las guitarras y las voces nuestras, Pacho y yo, el dueto que nunca tuvo nombre, y que para categorizarlo de algún modo los amigos, por cariño y mamadera de gallo, llamaron de siempre Pachocarlos.


Pedro Chanagá, sin mandar al olvido asus parceros, se fue a especializar en Enfermedades Tropicales. Nunca dejó de pensar en los amigos, estaban en su preocupación. De vuelta siguió siendo el mismo espíritu abierto, el auténtico parcero . Ahora en el correo del viento, la noticia de su muerte nos ha cogido de sorpresa y dejado con un dolor de costado amargo. Una bacteria le complicó la operación de recorte instestinal, la misma que le hicieron a Maradona, para que bajara de peso: un by pass. A Pedro, lo queríamos, como en la vieja canción argentina, la pinta es lo de menos/vos sos un gordo bueno/alegre y divertido/sos un gordito simpaticón. Y vuelven aquí los versos de Cortez: cuando un amigo se va/queda un espacio vacío/ que no se puede llenar/ ni con las aguas de un río." Un bolero en su tumba. Lástima que Pacho no estuviera , hace rato se fue a hacer la vida a otra parte, para haberlo cantado a dos voces, como a Pedro le gustaba.

sábado, 11 de julio de 2009


Le dio vueltas con todas las fuerzas del alma, como queriéndola arrancar de cuajo, a la ruleta de deshojando margaritas, y luego dejó caer en ella la bolita de la suerte, sin quitarle la vista de encima, mientras rebotaba entre los espacios intercalados del me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere... en un tiempo para él eterno, más largo aún cuando el rodar de la ruleta se hizo lento en su agonía hasta quedar, finalmente, paralizada, y el disparó sonó frío y metálico en la mudez de la noche.

sábado, 4 de julio de 2009

Iconofilia




Iconofilia

Como no te tengo
me he vuelto fetiche
de tus fotos y
tus posters.
Si el taxidermista
compone pieza
por pieza
los huesos de un animal
antediluviano,
para recuperar su morfologia,
yo junto las imágenes
que multiplican tu mirada
en varias miradas,
y siento que me atrapas
en los escorzos
de tus camaleónicos ojos.
He juntado con celo ortopedista
la iconografía
de cada costado tuyo
y me llamas
por los caminos
de tu piel
a expedicionar
la caverna donde anidan
cardúmenes de peces
y algas florecidas.
No hay flanco que no reconozca
en la curva de tus costas.
Expedicionario de tu cara
y en caleidoscopio,
he adosado cual antologista
las diversas facetas de
tus labios proteicos:
dulces,
tiernos,
salvajes,
siempre carnales,
que beso con insania
con locura.
Ahora que he armado
una a una
las piezas de tu cuerpo,
no duele
tanto la ausencia,
así seas sólo
una imagen de papel
.