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domingo, 31 de mayo de 2009

Memorabilia de la poética de Edinson Pacheco Orduz








Hace seis años me fue encomendada la tarea nada fácil de editar la poesía dispersa de Edison Pacheco Orduz, (“Perfume Insomne”) por su viuda Laura Rondón. De no haber sido por ella, sus poemas estarían por ahí, guardados en gavetas de armarios de rebrujo, en el destino de lo anónimo e inédito, arrugándose -ya para el olvido -en la memoria de los amigos que se los escucharon en tertulias al calor del vino, un aguardiente o una cerveza, haciéndose papel viejo y enmohecido, en las agendas donde a mano alzada, Edinson, con un lapicero de esos baratos tatuaba las hojas de versos de un lirismo que bien podían ir, como la peonza de un reloj, del sentimiento político que años atrás ( en las décadas del setenta y ochenta) hizo de la utopía el sueño de una sociedad nueva, donde la mesa estuviera servida para todos, pasando por un existencialismo sartriano, la razón ética de vivir, hasta el quintaesenciado amor y erotismo de su poemas más tristes, tiernos y dulces.
Como a Mario González Sandoval, poeta muerto prematuramente para la literatura piedecuestana (“La vendimia de los dioses”), de no haber sido por sus cercanos y familiares, Edinson Pacheco Orduz, no hubiera visto publicada su obra. Y, es ahí, cuando uno se pregunta, para qué están quienes manejan los resortes de la cultura en Piedecuesta, si no es para estar atentos al trabajo de los artistas, de la producción, divulgación y promoción de su obra. Pero lo que uno no se explica es la inquina contra la literatura, especialmente, que es vista con la mácula de una hetaira para no alentar su publicación, cuando el pensamiento y el imaginario, se desarrollan a través del ejercicio de la lecto-escritura.
La cercanía en el Colegio Balbino García, él alumno, y yo bibliotecario, hizo que intimara el interés por la literatura. Desde un principio supe que era de lecturas universales (Borges, Neruda, Vallejo…). Sus versos iniciáticos lo develaban en figuras literarias audaces para un muchacho de su edad, que no frisaba los 17 años: “mañana despertarás cansada/ empezando nuevamente/ en el ayer”, o “asesinado la vida/justo cuando ésta se vestía de risa”. Estos versos le valieron su pase a la revista El Candil que dirigíamos con el ex alcalde Fernando Moreno Rojas. Más tarde, estudiante del Sena, se ganaría el Primer Concurso de Poesía Carreras Técnicas del Servicio Nacional de Aprendizaje.
Perfume Insomne[1], fue la única y obra póstuma de Edinson Pacheco, con la cual se le hizo justicia a su trabajo poético. En el 2003 vieron la estampa los versos mejor logrados de su producción lírica, escindidos de errancia y vida, "hoy creo que la vida / y las cosas/tienen infinitas dimensiones,/que hemos corrido desesperadamente/por esos digramas laberínticos/donde nuestra voz a ratos se escucha"; de banderas y mítica insurgente, "qué importa que la vida/ esconda la tuya en una tumba,/si tu nombre se ve resplandecer/disparo a disparo en los montes;" de sensualidades, a golpe de piel/recibo tu imagen/y salta tu alma de gacela/ y mueve mi pecho/y mis manos soportan/el suspiro que llena mi sien/, de susurros y secretos,/ dime qué hacer:/en las noches serenas/cuando tu cuerpo no se ve/porque una curva en el universo lo impide/dime a dónde ir:/cuando la autopista, que lleva a ti/se bloquee/tan sólo un instante, de presagios y vaticinios, cuando termine todo/para comenzar de nuevo/cuando el cansancio corroa los muros de una ciudad/cuando todo en un caos se destruya/ y vuelva a nacer dos veces/los perfiles metálicos/brillarán con la luna/ y yo te encontraré”, de nostalgias y saudades, "tu mirar melancólico cuenta/viejas historias de naufragios olvidados/ tu mano temblorosa mueve las olas/ de un tiempo/ estancado en el preludio de tu ayer, y finalmente versos de adioses, donde se va dejando el lastre de lo que fuimos, la heredad para el despojo, queda sólo/un olor a fuego pasado. El rincón donde leí un poema/los años que se fueron calladamente./ queda la bolsa pequeña/donde guardo un pedazo de patria,/junto con los pecados que no van al cielo./Queda el silencio/Silencio de ausencia de vida.”

[1] PACHECO ORDUZ, Edinson. Perfume insomne. Bucaramanga: Ediciones Bachué, 2003

sábado, 23 de mayo de 2009

Decir que no te pienso...


Sé que a esta hora

estarás dormida,

mientras

escribo estos versos.

Sé que mi nombre

se habrá podido

perder

entre los pliegues

de tu olvido.

Sé que decirte

te pienso
podrá sonar

rídiculo,
pero prefiero

el ridículo,

a decir

que no te extraño.

domingo, 17 de mayo de 2009

Me callo la jeta mejor


Lo había visto primero en esos pueblitos de la costa norte, que en eso del mediodía se duermen bajo el inclemente sol, cruzar la larga y polvorienta calle, entrar al billar, el único lugar despierto a la vida en esas horas cuando el calor aprieta como el mismísimo infierno, sentarse en un taburete de vaqueta, con el acordeón terciado, pedir una cerveza !bien fría¡, beberla a pico de botella, y esperar a que el lugar se llenara de clientes, cuando amainara el aguacero de sol, para tocar y cantar sus merengues, sus sones, paseos y puyas, que prendían la fiesta hasta altas horas de la noche, cuando se le agregaban improvisados guacharaqueros y cajeros, y la percusión lograba el milagro de que las notas del desmirriado acordeón se metieran adentro de la piel, con un gustico que las manos se abrían en un rítmico palmoteo, y los pies se despegaban del suelo llevando la cadencia de la música, enfebrecida por el ñeque, que, como por ensalmo empezaba a circular de mano en mano.

No era ni muy alto, ni muy bajo, normalito como decía mi mamá para referirse a aquellas personas, cuya estatura es difícil de definir, pues tienen la extraña virtud de parecernos altas en unas ocasiones, y en otras la sensación de que son bajas. De ojos azules, es que es hijo de un alemán que le dejó a la vieja Nati, el buche lleno de carne y huesos, cuando estuvo buscando oro por la sierra, me lo dijo la sirvienta del cura de un pueblito, a donde un sacristán se robó hasta los hostias, porque el párroco no le pagaba sus servicios, y alguien (aún no se sabe quién fue porque permanece en el más oscuro de los anonimatos) le compuso un paseo, que todo el mundo se sabe, y que siempre recuerda en lo más prendido de la parranda, para mortificación del cura, si es que todavía vive.

Poncho Salas, ahora lo recuerdo muy bien, así llamaban al cantor y músico del cuento. Dicen los que saben que tocaba como un dios su acordeón de botones, !mierda, digitaba mejor que el man ese que compuso la Cachucha bacana, achinó los ojos el tal Nacho cuando me lo contó, músico y compositor también, de un pueblo cerca de Urumita, donde el patrono era el Santo Ecce homo, y me invitó a una ronera esa tarde que hablamos bajo el palo de mango del solar de su casa. Por la noche, solamente con la luz de la luna llena, cogimos sierra arriba. Al hombre le pesaba el acordeón, y tuve que ayudar a llevársela. Sabía que debía mostrarme agradecido. El hombre había empezado a soltar la lengua sobre la vida del Poncho Salas, de la que nadie quería hablar, ahora después de muerto, como si con sólo nombrarlo bastara para que a uno le cayera una peste fulminante encima. Ya, estamos llegando. Escucha los berridos? Son de los chivos que el compadre Chema va a sacrificar esta noche para la parranda. Ahora la sierra se aplanaba, extendiéndose en la noche como una mesa de billar, y las luces de la casa de la finca del Chema, emergían como grandes cocuyos ante la inflamada luz de la luna. Nacho, me presentó como un andariego en busca de historias, cuando estuve frente al Chema. Era alto, aindiado como los kogis que bajaban de la sierra a comprar comida. Se reía a borbotones, celebraba a cada rato las ocurrencias del Nacho. Es un buen acordeonero, no mejor que Poncho Salas, pero buen cantante como él..., y se calló repentinamente, como si hubiera cometido una imprudencia que le fuera a costar la vida, cuando hizo mención de Salas.
Al rato sacrificaron los chivos, y sus berridos se escucharon en la sierra profundos y tenebrosos. Nacho, se me acercó, mierda, esos animales se duelen como si fueran personas. Entonces, aproveché para sacarme una espinita que tenía atravesada en la garganta, Nacho, por qué a la gente de por aquí, le da miedo hablar del Poncho Salas?. Se quedó mirándome. Luego bajó la cabeza, me tomó del brazo, y me llevó por lados del corralón de los chivos para que nadie nos escuchara, Poncho Salas, si era un cantor del pueblo, un redivivo Francisco el Hombre, que tuvo agallas para hacerle un vallenato a los muertos y huyentes de la masacre de El Chengue, y por eso lo mataron.Ve, por qué me callo la jeta mejor?




martes, 12 de mayo de 2009

Déjame decirte


!Déjame decirte¡

que soy un barco ebrio

en el mar de tus ojos.

!Déjame decirte¡

que en tus labios

los míos se hacen fiebre.

!Déjame decirte¡

que en tu piel me vuelvo

yesca.

Déjame decirte¡

que adentro de vos

soy tormenta

y ola mansa.

!Déjame decirte¡

que si no estás,

muero.

jueves, 7 de mayo de 2009

Ausencias


He vivido esas ausencias.

Siento que me he quedado

sin piel:

es la tuya que me hace falta.

sábado, 2 de mayo de 2009

Entre fosas


Sólo bastaron, las fosas que- forzados por las armas- ellos mismos tuvieron que abrir aquella noche en el suelo enlodado por la lluvia , y los certeros disparos en la frente, para sepultar sus sueños.