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viernes, 19 de septiembre de 2008

CONVERSANDO CON ALIETTE: BOCETOS Y DIBUJOS EN MOVIMIENTO


http://aliet.over-blog.com/


La conocí por azar, el mismo que juega un rol decisivo en los cuentos de Borges. Venía del otro lado del Atlántico, de la tierra donde un presidente, ante quien debían caer rendidas las mujeres, era el que se postraba a los pies de una modelo y cantante, Carla Bruni, echando de bruces su matrimonio, y haciéndola primera dama del gobierno francés. De allí, donde Charles Aznavour, el de Venecia sin tí, enjaulaba los corazones con su voz entre nostálgica y tristona, y Edith Piaf , se ganaba el alma de los latinoamericanos, cuando cantaba, Que nadie sepa mi sufrir, con sus erres arrastradas. Cayó por el colegio donde trabajo, el Balbino García con su cicerone, una exalumna, Diana Jiménez. Había llegado al país, invitada por Freddy Gómez López, quien en una de sus travesías por el mundo con el grupo de danzas de la Universidad Industrial de Santander, la conoció cuando el periplo cultural recaló en las tierras de Sartre y Camus, los existencialistas, en los cuales abrevó, el poeta Gonzalo Arango, para fundar el Nadaísmo en Colombia. Menuda, y bajita, enfundada en sus gafas que la hacían ver como una niñita aún cursando el bachillerato, quien iba a pensar, que ya andaba por terminar una carrera en el campo de la arquitectura para las artes escénicas. Terminé por regalarle mi novela, La saga del último de los duros, con la promesa de que la leería, en el metro parisino. Colombia le encantó, y la sedujo Cartagena, con la magia de la ciudad vieja, ese corralito de piedra, que recuerda el fasto colonial. Por eso su tesis de grado, la motivó hacia Colombia, con una especie de aparador, con lo mejor del país. Por ahí, asomó la cara, Gabriel García Márquez, y el café nacional.

Más tarde vendría a saber, porque me dejó su correo, que Aliette Gousseau (así se llama ) bocetiaba, con gran espíritu artístico, y me dejó ver sus dibujos. Así fui conociendo, entre correo y correo, la personalidad artística de esta francesita, que se asienta en un piso coqueto con ventana al legendario Sena, y a la histórica Torre de Eifell, y ha sido, como ella mismo lo expresa en un español audible "voluntaria para el festival de música y danza folclórica del mundo de Montoire. ESte año, el festival ha invitado grupos de México, y estaba de guía y traductora de dos grupos de México". Esa cercanía le dio la oportunidad de atrapar en sus lápices, desde el retrato, los rasgos de indios Mayos ( José Enrique),de la tierra de Juan Rulfo, en primeros planos y medios.

El Festival de Montoire a donde cada año, Aliette asiste como voluntaria, para oficiar como traductora e intérprete, le ha dado la oportunidad de conocer através de la danza y el folclor, otras costumbres y maneras de ser de los pueblos; por eso tras el cristal, sus ojos se mueven rápidos para captar a los danzarines en sus giros, y desplazamientos como si fueran una cámara digital. Ella, he ahí una de las virtudes de sus bocetos, atrapa el movimiento, que es donde reside la naturaleza del dibujo o la pintura. Nada en ella es rígido. Por esos sus dibujos tienen vida: se vitalizan con el movimiento. De ahí rl vigor de Los músicos del Ecuador, de Gerardo el Mariachi, de la niña búlgara, de Jonquille, la flor de la primavera francesa. Por eso sus dibujos y bocetos tienen encanto, porque saben atrapar el movimento, ella los sabe, cuando le escucho decirme en el esfuerzo de su español que trata de atrapar la idea en sus fonemas arrastrados que "me gusta dibujar en el metro (allí retoca, retoma ideas, vuelve a bocetiar), me gusta dibujar los músicos y los bailarines, me gusta dibujar la gente cuando no lo saben, se mueven, son naturales..", de ahí que encantan, porque están hechos del alma humana, y no del artificio.

Aliette, tiene una pasión por la música. No importa, ésta, de donde viniere, por eso, me dice su voz que es un murmullo diluviando erres, "también me gusta dibujar los músicos cuando tocan y hacen un concierto en un escenario, pero ni pueden escaparme. Y también debo decir que la música guía mi muñeca. Es excelente dibujar en ritmo.". Eso es el arte: movimiento, y la música lo entraña en el ritmo. Por ello, Aliette, está hecha para no sólo llenar de estética los escenarios teatrales, sino también para captar el mundo y el ser humano, através de sus lápices, como una gran promesa plástica del dibujo.