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domingo, 15 de junio de 2008

ALFREDO MOLANO Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Colombia - y no es una endemia pues latinoamérica sufre el problema - ha visto últimamente estrechar la libertad de expresión periodística en los medios, de manera sensible. Por una parte, influye la libertad de mercados, y para nadie es un secreto que los medios de comunicación son propiedad de multinacionales, que fuerzan a los periodistas a defender sus intereses económicos, y a soslayar los de pertinencia social y de las comunidades que, indudablemente, son los más. Por otra, las premisas unanimistas del gobierno, y su afán de desconocer la discrepancia, como si el mundo no hubiera evolucionado por contrastación y dialéctica, ponen un cerco al periodismo y a los periodistas que, se mantienen en esa ley de oro de obrar con objetividad e independencia en este oficio que lo caracteriza y lo define, la expresión libre y sin ataduras.
No extraña, por lo tanto que si antes, el director de la revista Soho, Daniel Samper Ospina, fue llevado hasta los tribunales de la justicia, para que se le juzgara por una foto artística sobre la última cena que según los denunciantes hería sentimientos católicos, ahora, el sociólogo y periodista de El Espectador, Alfredo Molano, sea encausado ante la fiscalía, porque en una de sus columnas habló e hizo de la crítica social del notablato de Valledupar, la capital del departamento del Cesar que, con espíritu feudal, ha mantenido el poder económico y político para sus propio pelecho, manejando a su antojo feudos electorales.
Relevante la posición que toma a favor de Molano, el vicepresidente, y columnista de El Espectador, Humberto de la Calle, cuando expresa "...que el único y verdadero título que invoco para escribir esta columna es mi condición de ciudadano severamente calumniado varias veces en el transcurso de mi vida pública. Pese a eso, pese a la cicatrices que he sufrido, y quizás precisamente por ellas, reivindico el derecho de todos a pesnar, opinar y expresarse, porque la necesidad de la sociedad de informarse libremente supera el riesgo de cometer alguna injusticia individual. No sostengo que ese derecho carezca de límites, pero el examen cuidadosa de la columna cuestionada permite concluir que corresponde al ejercicio legítimo de la crítica social, el cual debe ser protegido y arropado como elemento esencial de una configuración verdaderamente democrática. Creo que la libertad de expresión es la matriz de las demás libertades" *.
Alfredo Molano, es quizás de aquellos periodistas (a pesar de su formación de sociólogo), que mayormente, ha sabido interpretar el papel de periodista íntegro en sus comentarios y analista juicioso de la sociedad colombiana, pues, desde hace mucho tiempo, se ha metido en el barro de donde se generan los problemas que han mantenido insoluble el fenómeno de la violencia en Colombia: la tenencia de la tierra.
*DE LA CALLE, Humberto. EL Espectador. Bogotá. (Domingo 8 de junio de 2008), p. 50