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domingo, 3 de agosto de 2008

Tras el cine.





Cuatro Meses, Tres semanas y Dos días, un filme sin fortuna en las salas comerciales, pero afortunado en los cineclubes




Quise verla en las salas comerciales. Su periplo fue como un soplo. En las salas de cine, distintas a las de Bogotá, ni siquiera se hizo el intento de programar, una película tan polémica, la rumana: Cuatro meses, tres semanas y dos días, del director Cristian Mungiu. Definitivamente, no hay remedio. Por eso hay que recurrir a los cineclubes de amigos, para no frustrarse de ver buen cine. Manuelito, mi amigo filósofo, que ama el cine como una buena noche de amor, la consiguió, y para felicidad del parche cinéfilo, con títulos traducidos al español.

Provistos de buen videobeen, y pantalla grande (contamos con toda la parafernalia), armados de crispeta y gaseosa en cantidades industriales, nos dimos a la tarea de meternos en la piel de la película de Mungiu. No teníamos antecedentes del director, y no quisimos buscar comentarios sobre él, sin antes ver la película. Queríamos obrar, en el momento del juicio, sin presiones. Sólo sabíamos que le habían dado la Palma de Oro, en el festival de Cannes.

Dos mujeres, son las protagonistas de una historia dura, próxima a nuestro mundo, donde juegan un papel muy relevante el criterio y los juicios. Gabita decide abortar. A su lado no está el corresponsable del embarazo, quizá ha escurrido el bulto, mostrando el machsimo frente a este problema del embarazo no consentido, cuaya cilpabilidad recae en la mujer. La apoya, en esta aventura, su compañera de cuarto, Otilia, que quisiera saber la opinión de su novio, pero frente el caso muestra una impasibilidad ataráxica.Y empieza el drama, en medio de un régimen atrabiliario y fundamentalista, como el de Ceausescu, para lograr encontrar quien haga el aborto. Al fin un médico lo hace, después de violar a Gabita y su amiga Otilia.

La película habla, más a través de Otilia, mujer metida en la tragedia, y que la vive desde su propia violación, por su cercanía a su mejor amiga. Pero no desfallece por ello. Menos Otilia. Ni por los desplantes de una sociedad, exageradamente misógina. La vida sigue, y hay que afrontarla, sorteando un medio (se parece mucho al nuestro), donde la mujer (por serlo), por un machismo arraigado debe siportar humillaciones y afrentas que, no la reconocen en su dignidad humana y que, también es sujeto y persona.

Una película hecha con los más mínimos recursos. Se nota la cámara al hombro (no porque juegue a satisfacer las normas del grupo Dogma), planos que no se cortan, se secuencian; la ausencia de banda sonora, para hacer más notorios los silencios, en que reiteradamente entra la película, y darle notoriedad a los momentos decisivos del filme.
Las actrices contundentes en sus papeles. Anamaría Marinca, inmensa en el papel de la amiga que da apoyo a Gabita. No le importa el sacrificio, con tal de que su amiga salga avante en esta decisión difícil de abortar, por un embarazo no deseado. Sin la actuación de Marinca, na película, quizás hubiera cojeado, apunta, Manuelito, mi filósofo, mientras pienso en los silencios, esencialmente en el del final, que se cierne como un balance y destino de la mujer de ese entonces, en la Rumania de 1987, con un déspota, apoyado en una falsa moral, como Ceausescu, amparando un machismo trasnochado, y sojuzgando el principio de la persona a decidir por sus actuaciones y comportamientos propios.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Rda pelícila la vi, piratiada, pero es muy buena, en ese régimen de terror rumano pacato y sin libertad. Berraca la Gabita y su amiga